martes, 30 de mayo de 2023

Cuestiones sobre la antropización del medio y el decrecimiento

 

  • CUESTIONES SOBRE LA ANTROPIZACIÓN DEL MEDIO Y EL DECRECIMIENTO

       

       Juan Benítez Jamchen, mayo 2023

          https://www.academia.edu/102551412/CUESTIONES_SOBRE_LA_ANTROPIZACIÓN_DEL_MEDIO_Y_EL_DECRECIMIENTO

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  • INTRODUCCIÓN
  • Antes de comenzar, conviene resaltar el hecho insoslayable que el margen de conocimiento humano es siempre cambiante; nada, dentro del ámbito de las ciencias, puede ser categórico o absoluto. Aunque existan evidencias en una determinada parcela de conocimiento, esta no puede reducirse a conclusiones, si no está abierta a cotejarse con las demás ciencias o conocimientos, incluso así, nos encontramos siempre en un alto grado de invalidez frente al misterio cambiante de la Naturaleza y la vida. Desde la biología, todo organismo es un sistema abierto, en constante intercambio con otros sistemas que le rodean a través de interacciones muy complejas; esta teoría científica marcó un hito ineludible dentro de todo el conocimiento humano, más allá de la propia biología y quedó profusamente establecida en la Teoría general de sistemas expresada por Ludwig Von Bertalanffy, hace ya muchos años, desde finales de los años 30 del siglo pasado.  
  • En una primera instancia, dentro de los estudios paleobiogeográficos que tenemos en la mano, desde que se constituyó el clima mediterráneo de forma estable hace unos 3,5 millones de años, incluso con las glaciaciones e interglaciares e incluyendo las grandes deforestaciones y extracciones de recursos hasta hoy, no contamos con ningún acontecimiento conocido que suponga una exponencialidad de cambio tan extrema como lo que estamos viviendo en el clima en tan solo dos años. Apoyados en la paleobiografía es, sencillamente, imposible, con lo que el único ámbito de conocimiento que dé alguna posibilidad de explicación a tales hechos insólitos, es por esa inducción que consiste en pensar que la antropización del medio contiene valores hasta ahora no cotejados. Estos valores son solo presentes y especulativos, pues ninguna ciencia tiene capacidad para expresar acontecimientos tan complejos en tan poco tiempo, con lo que no contamos aún con la experiencia general y abierta suficiente que pueda dar un diagnóstico seguro. Lo que sí sabemos, por lo que nos marca la ciencia paleobiogeográfica, entre otras ciencias, es que, sin causa natural catastrófica, no hay posibilidad de un cambio tan radical si no es por la antropización. La cuestión ahora es intentar desglosar esas posibles causas antropozoogénicas. 
  • De los datos cotejados de los últimos 50 años, que es donde parece que las causas de antropización se han multiplicado negativamente a nuestro medio ambiente, aunque ascendentes, solo podemos observar tendencias leves a nivel general. En otras palabras, la relación causa antrópica y modificación climática de calentamiento hasta hace dos años, es suficientemente significativa como para tenerse en cuenta y se debe seguir trabajando en ello y evitar su continuidad, sin embargo, no ha empezado a ser tan radicalmente exponencial hasta hace solamente dos años, donde se están observando estos cambios muy extremos. Desgraciadamente, es demasiado poco tiempo para dar diagnosis desde todas las ciencias sobre estos cambios inesperados, no sería certero ni marca evidencia alguna, científicamente hablando, aún a pesar de los indicadores desde algunas clases de ciencias, por lo que sólo nos encontramos en un rango de hipótesis muy estrecho. Por ello, no hay más remedio que esperar los acontecimientos futuros para poder afirmar algo con seguridad, aún a sabiendas de que las causas antrópicas relacionadas con las emisiones de CO2 y otros gases, sea uno de los agentes relevantes, entre otras causas. 
  • El primer apartado de este estudio se maneja, básicamente, partiendo de lo que ya sabemos con cierta certeza dentro del campo de la paleobiografía que dan pie a hipótesis posibles, esperando que pueda servir de ayuda para dilucidar esta cuestión tan confusa, y a su vez tan vital, del clima en los últimos tiempos. En el segundo apartado se abordará desde el campo de la reflexión con los datos previos con los que contamos.
  • LA ANTROPIZACIÓN SEGÚN LA PALEOBIOGRAFíA E HIPOTESIS PRESENTES


  • Partimos de una primera consideración con el análisis de un acontecimiento de desertificación acaecido en el sudeste de la península Ibérica: El registro fósil señala que, desde que comenzaron los efectos de la antropización en la península Ibérica, hace unos 5.500 años, las variaciones climáticas en el sureste peninsular han sido muy relevantes y, tras los milenios de deforestación masiva y otros impactos antropogénicos, pasó de un clima estable mediterráneo a tener un clima desértico, con menos de 400 mm por año de lluvias, por lo que se expresa claro que la actividad antrópica fue causa fundamental de un cambio de clima en la zona, Este cambio climático se produjo paulatinamente a través de milenios, cuando ya apenas quedaron pocos restos de sus bosques naturales a causa de los efectos de las diversas clases de antropización clásica conocidas. A pesar de ello, ha conservado hasta el momento presente, lluvias torrenciales estacionales, debido a que, aunque con grandes calvas, todavía existen suficientes grandes masas de bosque en el resto de la Bética hasta el Atlántico, que permiten que los frentes se expandan no sólo hacia las zonas intermedias de la Bética, sino también hacia el extremo del sudeste peninsular, hoy estepa o desértico. Como ya han destacado diversos autores, los bosques son los que emiten la humedad ambiental necesaria para que sucedan, no sólo las lluvias locales, sino también las estacionales, que son trasladadas desde el océano al interior de la tierra, de ahí la importancia de conservar y fomentar el bosque costero para este último caso. 
  • - Apoyados en los estudios paleobiogeográficos de este acontecimiento del sudeste Ibérico, la primera premisa de hipótesis que trabajamos entonces es que, con antropización excesiva a través de la deforestación, minería y el aprovechamiento de agua para explotaciones diversas en la tierra, entre otras intervenciones clásicas para la obtención de recursos, un cambio substancial de clima no se produce a corto plazo, sino a través de cientos de años o milenios, según que caso; mucho menos si se conservan suficientes cantidades de bosque que puedan mantenerlos. Tal premisa nos lleva también a la conclusión que la desertificación plena dentro de un marco de clima mediterráneo estable, como el que tenemos desde el comienzo del holoceno en la península Ibérica, con este tipo de intervenciones no se produce tampoco hasta que no hay deforestación casi completa del territorio y/o una explotación excesiva de los recursos. Con todo ello, el medio y largo plazo y la gravedad del impacto en tanto a cómo podrían afectar la aceleración del proceso de desertificación y del cambio climático subsiguiente, en caso de que no se tomen las medidas oportunas de cambio en el sentido positivo contrario, son las claves a considerar dentro de esta primera premisa de hipótesis
  • - Una segunda premisa de hipótesis, sería la observación de los cambios climáticos naturales dentro del proceso tan complejo como son las glaciaciones y sus interglaciales, para dilucidar someramente las posibles tendencias naturales presentes que podrían estar influyendo en el clima mediterráneo. En general, la tendencia durante todas las glaciaciones fue de un clima mucho mas frío y seco - con una diferencia negativa de hasta 8 grados-. En estos periodos fríos, la pérdida del bosque fue muy importante, los bosques mesófilos retrocedieron considerablemente, buscando refugio en los lugares mas calientes, dando paso a bosques mas resistentes de coníferas, juníperos, etc. y a otro tipo de vegetación de las estepas frías, en las zonas menos favorables, como las gramíneas. El interglacial Eemiense de hace unos 140.000 años, fue el último periodo cálido anterior que conocemos, con un clima bastante parecido al Holoceno, aunque más húmedo, cálido e inestable (M.B.Muñoz García at.al. 2008), pudiendo llegar a tener temperaturas de hasta 4 grados más que actualmente. En este periodo interglacial en el clima mediterráneo particular, con ausencia de impacto antrópico, la tendencia fue que los bosques mesófilos se extendieran y que los Quercus, con sus diversas maquias, sustituyeran a las coníferas, formando bosques y configurando un ambiente caliente y principalmente húmedo estacionalmente en los periodos más intermedios de otoños y primaveras. De manera general, el clima mediterráneo en los periodos interglaciales, incluido el actual Holoceno, fue y es mucho más cálido y húmedo que durante las glaciaciones, lo que todo parece indicar que, sin actividad antrópica, lo natural es que la falta de precipitación este relacionada con el frío excesivo medio y no con lo caliente excesivo medio, ya que los periodos interglaciales se han destacado precisamente por una mayor precipitación unida a temperaturas más altas, a diferencia de las glaciaciones, con menor precipitación y temperatura.     
  • Por otro lado, esta segunda premisa nos aporta una idea clara de que, de forma natural, los cambios substanciales climáticos interglaciales marcan una tendencia favorable para la vida de los humanos y no se producen tampoco a corto plazo, sino que requieren tiempos relativamente largos. Con todo ello, la historia nos dice que el bosque, beneficio para la naturaleza y para el humano y que tarda cientos o miles de años en crecer y expandirse, es consecuencia de un clima cálido y húmedo, por lo que, dentro de esta fase, solo es posible concebir sucesos de cambios negativos para la vida humana, por los impactos que ella pudiese contener, en estos casos, la deforestación y la destrucción de los ecosistemas naturales. 
  • Por lo tanto, con estas dos premisas primeras, para la ciencia paleobiogeológica, la enseñanza es que, de forma natural y con la tendencia de estos últimos 3,5 millones de años, no es al calentamiento en sí mismo a lo que hay que temer, sino a la glaciación, a su debido tiempo, y, en estos tiempos, a la sequía sobrevenida en tiempos calientes por los impactos antrópicos, con lo que el fomento y la conservación del bosque y la disminución de los agentes extractivos de recursos humanos, dentro de estas dos premisas, serían los factores de antropización positiva de restauración (para la contra-antropización negativa) que podría devolver el clima correspondiente a una fase naturalmente caliente y húmeda. 
  • Por otra parte, no hay que quitar la vista a un dato muy importante y es que durante el interglacial Eemiense, debido a las temperaturas superiores a las que tenemos en el actual Holoceno, los océanos se calentaron y los polos se derritieron considerablemente, con lo que el efecto invernadero, con su mayor cantidad de CO2 en la atmósfera liberados desde los océanos, de forma natural, provocó un aumento de los niveles oceánicos, con lo que muchas costas quedaron inundadas. Este hecho, no influyó sin embargo en una menor pluviosidad, más bien lo contrario, tal como hemos visto, con lo que en el periodo Eemiense, el aumento del gas invernadero dióxido de carbono (CO2) de gran magnitud, provocado por temperaturas mucho más calientes, no influyó en el clima general del planeta para que hubiese menos lluvia, sino para derretir los polos y subir los niveles del mar. Sin los gases invernaderos, la temperaturas se encontrarían por debajo de cero y la pluviosidad mucho menor, con lo que la vida sería casi imposible, ya que estos sirven para calentar el clima lo suficiente para que esta exista; por ello, en principio, un calentamiento de hasta cinco grados producido naturalmente, que es lo que tenemos constancia, no sería causa principal de sequías generales, sino de mayores niveles de lluvia y el derretimiento de los polos.
  • Hay hipótesis que trabajan sobre la idea de que al final de este periodo, al estar marcado por una disminución de temperatura, los niveles de CO2 disminuyeron en la atmósfera y se fijaron en los océanos, con lo que se produjo un enfriamiento general lo suficientemente impactante como para que sobreviniera de nuevo el Glaciar Wurm, que duró más de 100.000 años. Si seguimos esta hipótesis, el enfriamiento del clima viene acompañado de una menor acumulación de CO2 en la atmósfera y una mayor concentración en los océanos, y no de un calentamiento, que sería su caso inverso interglaciar, con lo que, a priori, nos pone en una posición a considerar que, desde el punto de vista paleobiogeográfico, la menor pluviosidad no ha venido hasta ahora por climas calientes, acompañada de una mayor concentración de CO2 en la atmósfera, sino por climas fríos acompañados de una menor concentración de CO2 en la atmósfera. Esto nos pondría el enfoque sobre otras causas antropozoogénicas posibles y las comentadas en las dos primeras premisas, entre ellas la deforestación excesiva, que muy probablemente, se encuentran relacionadas con la desertificación, y es donde sí tenemos pruebas fehacientes seguras del impacto negativo de la sequedad que provoca en el clima, naturalmente cálido y húmedo. 
  • Teniendo en cuenta todos los datos expuestos hasta ahora, nos lleva a ciertas contradicciones sobre lo que conocemos de la historia y lo que está sucediendo hoy. Por eso, es muy relevante considerar la diversidad posible de los efectos antrópicos actuales que nos pone en una tercera premisa.          
  • - La tercera premisa de hipótesis trata sobre las diferentes clases de impactos, vistas conjuntamente, de los acontecimientos presentes que suceden paralelamente tratando de compararlos con los datos paleobiogeográficos que tenemos. Estas son: las excesivas emisiones de CO2 y otros gases a la atmósfera por la quema de combustibles fósiles, las continuadas deforestaciones extensivas junto a las otras ya clásicas antropizaciones por la explotación de los diferentes recursos, la contaminación moderna por los químicos usados yeso productos plásticos y sus derivados, las basuras diversas depositadas en todos los elementos del medio (tierra, agua y aire) y los efectos adversos (contaminación) de una tecnologización de todos los sistemas de vida y de producción. Todas estas variables, que conjuntamente no se han presentado en lo que llevamos de cuaternario, nos pone en un territorio desconocido. En principio, todas las conclusiones a las que lleguemos, se mueven dentro de un rango hipotético muy poco seguro, con lo que, aún a sabiendas de mantener ciertas evidencias, no pueden ser establecidas sino a través de los años siguientes que sucedan en el futuro. Esto no significa que no podamos incidir positivamente en estas causas, significa que todas las causas conjuntas son completamente inéditas para el conocimiento humano. 
  • Según las gráficas comparativas aportadas por Alba Sánchez at. al. (2021), se puede observar que en la llamada Pequeña Edad del Hielo, entre, aproximadamente, los años de 1.500 a 1.600 de nuestra era, hay una fase seca y fría, después de ese tiempo, observamos normalidad de la Temperatura Superficial del Hemisferio Norte hasta el año 1.950, donde comienza un periodo más caliente y menos húmedo. Tras la sequía extrema del final de la Pequeña Edad el Hielo, las lluvias se recuperaron y se mantuvo estable, aunque no llegan a los valores que había anteriores al 1.500; no parece albergar duda que la actividad antrópica, con sus quemas y deforestaciones masivas de aquellas centurias, es la causa directa de esa menor precipitación. Desde el año 1.950, las precipitaciones se mantienen aunque con más inestabilidad y, conjuntamente, se va produciendo un calentamiento, pero no es hasta principios de este siglo XXI, donde se produzca un cambio importante de temperatura que sobrepasa los 0,4. Estamos hablando de apenas 20 años. Lo importante a destacar es que, aún con las sequías estivales normales o periodos secos como los de finales del siglo pasado, hasta hace apenas dos años (2.020), no sucede la insólita conjunción entre supra-calentamiento excesivo y supra-menor precipitación.   
  • Con todo lo expresado, la antropización clásica por la quema y deforestación de bosques para la agricultura, la ganadería y las madereras, unida la explotación de recursos por minería y otras industrializaciones clásicas, parecen ser las causas directas de no recuperación de los valores de precipitaciones anteriores al 1.500. El crecimiento de la industrialización, con el uso extensivo de químicos y las emisiones de tóxicos y gases diversos a la atmósfera, fundamentalmente desde principios y mediados del siglo XX, ha provocado impacto en las temperaturas, pero ha mantenido sus valores de precipitaciones, aunque inestables, hasta el 2020. En los dos últimos años estamos experimentando un cambio exponencial del clima en muchas zonas del planeta, que en la península Ibérica se han expresado con sequías y temperaturas extremas, nunca antes registradas a lo largo de todo el cuaternario. Las causas por antropización parecen ser evidentes, pero no sabemos aún, por falta de experiencia y datos, sus incidencias contenidas con suficiente completud.
  • La experiencia paleobiogeográfica nos destaca que un calentamiento produce una mayor cantidad de CO2 a la atmósfera por su propia naturalidad, y esto es beneficioso para la supervivencia humana y los demás seres vivos de esta tierra. Digamos que la variable CO2, desde el punto de vista natural y dentro de una normalidad interglacial, solo indica calentamiento natural beneficioso acompañado de mayor precipitación. Según ciertas conclusiones científicas, mayores cantidades añadidas de CO2 en la atmósfera, generan cambios substanciales dentro de las temperaturas, provocando un mayor calentamiento, pero no tiene porqué estar, en principio, condicionada a una menor precipitación, más bien debería ser lo contrario. Sin embargo, no estamos hablando de un CO2 naturalmente producido, sino inducido artificialmente por supuesto avance tecnológico, con lo que estamos en intervenciones artificiales acumuladas desde hace aproximadamente 50 años que podrían estar generando cambios imprevisibles. 
  • Lamentablemente, por el lado de los químicos, en todas sus diferentes vertientes de uso, no contamos con suficientes y amplios estudios relativos al medio ambiente y sus consecuencias en el clima y en los seres vivos, debido a los agentes químicos depositados en la atmósfera, en las tierras y en las aguas. Su uso diverso tiene como unos 70 años y esta variable parece que no se le ha dado la suficiente relevancia como causa negativa de antropización aún, siendo realmente importante conociendo de su uso extensivo para diversos fines. El desarrollo de la tecnología está directamente relacionada con esta variable última relacionada con el uso de los químicos, pero también se relacionan con el uso de plásticos con sus derivados y metales diversos, y han producido otras nuevas, como la contaminación por emisiones electromagnéticas. En el caso de las causas de antropización por crecimiento exponencial de la tecnología dentro de los últimos años, con sus diferentes contaminaciones sobrevenidas, no contamos con datos históricos, pero marcan una importancia vital dentro de las causas antrópicas en la modificación del clima y la calidad de vida de los seres vivos de este planeta. Este es el motivo por lo que necesitamos una nueva premisa que actúe desde este presente para poder complementar las 3 primeras premisas.      
  • - La cuarta premisa de hipótesis a considerar, y a añadir a los otros tipos clásicos de antropización (deforestación, industrialización y el uso de químicos en la agricultura y la ganadería en los últimos 70 años, que incluye también la combustión de materiales fósiles, etc.), es el impacto antropozoogénico debido al crecimiento (cualitativo-cuantitativo) de las intervenciones artificiales más modernas que generan un exceso de contaminación en nuestro medio ambiente y en los seres vivos que viven en él, con los cambios climáticos negativos subsiguientes. Dentro de esta nueva premisa, estamos en una situación de conocimiento más debilitada que en las otras ya mencionadas, porque no contamos con datos ni presentes ni históricos suficientes, ya que nunca antes ha existido, que tengamos constancia y salvo lo acontecido y acumulado en los, aproximadamente, últimos 20 años y, sobre todo, en la ultima década. 
  • Lo que si se destaca, es que el crecimiento exponencial de la tecnología, a niveles casi inconcebibles para la humanidad, viene acompañada también de un exponencial cambio de clima. El crecimiento de CO2 ha sido paulatino sin parar de crecer, y parece ser que continúa esa tendencia si no lo paramos, y es insoslayable considerar este tipo de antropización, sin embargo, deja pocas dudas considerar que la exponencialidad que vivimos en el clima, viene marcada también por una misma exponencialidad de crecimiento en la tecnología, por lo que hay que tenerla muy en cuenta a la hora de valorar todas las posibles causas antrópicas de cambio climático, así como de las diferentes clases de afección sobre la salud natural de la Naturaleza y el humano. 
  • La tecnología ha crecido mucho más de lo que la humanidad y la misma naturaleza puede sostener, los impactos de este crecimiento, tal como ya se ha expresado, es aún inédito y totalmente desconocido. Este territorio en el momento presente nos deja sumidos en un estado de confusión y misterio con hipótesis variopintas sobrevenidas que no contienen todavía evidencia universal alguna. En la búsqueda de soluciones para frenar los efectos de la antropización sobre nuestro medio, el ámbito donde podemos manejarnos es el de aquella reflexión contenida desde todos los conocimientos humanos que analicen con sumo cuidado el total de las causas antrópicas, sin excepción y sus posibles soluciones.
  • El avance de la tecnología humana permitió una supuesta mejora del bienestar humano durante toda nuestra historia, sin embargo y paralelamente, las consecuencias sobrevenidas causaron también mucho daño al medio ambiente y, con ello, a la misma humanidad. Este hecho es ineludible, con lo que un crecimiento exponencial tecnológico, como el que estamos viviendo ahora, no puede producir otra cosa que un daño mayor a la Naturaleza y a la humanidad contenida en ella con la misma exponencialidad. Por ello, con nuestras cuatro premisas sobre la mesa, no sería sino a través del decrecimiento tecnológico, cómo podríamos resolver esta ecuación de situación negativa del medio natural, su clima y la humanidad. Cuestiones subyacentes a considerar, con ello, sería el análisis completo y certero de ese supuesto bienestar humano y la ética contenida en las soluciones posibles tecnológicas que se plantean, así como la consideración de que tal decrecimiento tecnológico debería significar también un apoyo al decrecimiento, en muchos casos total, del uso de químicos, de las emisiones de CO2 y demás gases, de la producción de plásticos y sus derivados, así como de las basuras y otras contaminaciones diversas, para evitar seguir aportando sustancias nocivas de manera artificial y dejar de contribuir al calentamiento, tal como ya se viene expresando desde las posturas de defensa de la Naturaleza y para dejar también, de manera fehaciente, de contaminar la naturaleza y al humano contenido en él (dentro de esta consideración, entraría el análisis del decrecimiento de la producción de bienes y servicios innecesarios).



  • ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE EL DECRECIMIENTO
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  • Enfocándonos en el tema de las soluciones que marcan los valores del necesario decrecimiento con la intención de frenar las causas antrópicas clásicas y las más modernas, contenidas en las cuatro premisas de hipótesis comentadas en el apartado anterior, en este nuevo apartado de reflexión, intervendrían la siguientes variables:
  • - Primera variable: El decrecimiento de la explotación de recursos y la deforestación
  • Es esta la variable más histórica y comienza su afección con su crecimiento imparable, aunque de manera paulatina, desde que el humano empieza a aplicar sus primeras tecnologías en la agricultura, la ganadería y la extracción de recursos. En la península Ibérica comienza aproximadamente sobre el año 5.500 antes de nuestra era, pero no será hasta las intervenciones masivas de la cultura del Algar, que se empiecen a dar señales de cambio climático evidente, por sus acciones continuadas, algunos miles de años después, con ya casi todo el territorio deforestado y explotado, sobre todo en sus ámbitos de acción, que fue, y sigue siendo, el Sureste de la península Ibérica. 
  • La paleobiogeografìa demuestra con toda claridad que la causa primera y más importante de antropización y de cambio climático es la deforestación y la explotación de recursos. Con ello, es razón suficiente para plantearse un decrecimiento de esta causa primera. Para que tal decrecimiento pueda implicar no solo un freno de las causas, sino también una mejora más rápida, necesitamos intervenir positivamente. En otras palabras, si queremos mantener el bienestar humano y de la naturaleza, para decrecer en algo, necesariamente tenemos que crecer en otra cosa, si no, quedaría una sociedad humana y una Naturaleza inmovilizada. Aunque insoslayables, por supuesto, ya que necesitamos concedernos el tiempo necesario puesto que los retornos naturales son muy lentos, hay que actuar positivamente sobre esa naturaleza para ayudar a que se mantenga una mejora ascendente presente. La reforestación y la intervenciones para ayudar a recuperar los ecosistemas perdidos junto a la naturalización de nuestras acciones de vida y consumos, son alguno de esos valores. 
  • Sumándose a las también importantes labores forestales de territorios protegidos o abandonados, en agricultura Natural, aparte de sustentar un cuidado y respetuoso trabajo de cultivo, albergamos un sexto principio que se llama bosque Natural de alimentos, y dentro de él se propone la reforestación dentro de los campos de cultivo. Si la deforestación para la explotación, fue causa principal de cambio de clima y la destrucción del medio ambiente, no hay otra posibilidad dentro de este decrecimiento de la deforestación, que reforestar las zonas que antaño fueron bosque y daban equilibrio a los ecosistemas. No se pierde de vista el valor del bosque, que es primer motivo de regeneración, siendo causa primera de fertilidad de tierras, aguas y aires y el mismo origen del bienestar humano y de la naturaleza. Todo agricultor debe ser responsable de su tierra y asegurar que en su parcela de responsabilidad, al menos en un 40%, según se ha estimado en este principio, deberían ser plantados de árboles silvestres no explotables o mínimamente explotables. Con ello, en términos microeconómicos, también debe asumir el decrecimiento en cantidad de producción y aumentar la calidad gracias a prácticas respetuosas que, en términos macroeconómicos de medio y largo plazo, se traduciría en un crecimiento justo. Esta aportación a la reforestación y al crecimiento de naturalidad de forma microeconómica, para que sea factible y suficiente, debería estar sostenida y apoyada con una macroeconomía capaz de asumir también tal decrecimiento inicial. 
  • Es de vital relevancia, insistir en que los ecosistemas trabajados desde su recuperación natural y su cultivo respetuoso, no sólo son capaces de redirigir positivamente a su naturaleza primera los ambientes ecosistemáticos en toda su extensión, sino que también permiten la captación de un gran porcentaje de los excesos de emisiones de gases invernaderos, uno de los motivos de la segunda variable de decrecimiento. 
  • Del mismo modo, en cuanto a las minerías, las ganaderías extensivas y otras industrias de explotación de los recursos que destruyen el territorio, con sus tierras, aguas y sus aires incluidos, y son también causa directa de cambio de clima, el principio sexto de la Agricultura Natural es también perfectamente aplicable. El decrecimiento de la obtención de los recursos, implica necesariamente encontrar alternativas también de consumo, no por ello más tecnológicas sino más austeras, que se enfoquen también en la calidad-necesariedad y no en la cantidad-innecesariedad y que alberguen también ese 40% de bosque silvestre.
  • -Segunda variable: El decrecimiento de las causas modernas relativas al uso de químicos, las emisiones de CO2 y demás gases, la fabricación de plásticos y sus derivados, las basuras y otras contaminaciones diversas.  
  • El primer principio de la Agricultura Natural, mencionado por Fukuoka, habla sobre la necesidad de eliminar completamente, sobre todo en algunos casos, el uso de químicos en la agricultura. Este principio es básico y fue el motor de la revolución posterior de la agricultura ecológica y de las demás tendencias alternativas. Pero no queda aquí, dentro de este marco de Agricultura Natural y desde el pensamiento Vida Natural Consciente, este principio no sólo se reduce al ámbito del cultivo, sino al resto también de las actividades humanas dentro de las actividades de la “agro”, que no es más que la misma agricultura desde el punto de vista amplio. Las razones son obvias y han sido prescritas en diversos trabajos. En este contexto, nos interesa mencionar sobre la gravedad que implica el uso de los químicos en la salud de los seres vivos y de la tierra, aguas y aires, así como en el clima. Es de importancia vital y existen razones sobradas para considerar que, ante los acontecimientos presentes y pasados recientes, se tomen las medidas oportunas urgentes y fulminantes para tratar este decrecimiento. 
  • En cuanto a la causa de las emisiones de CO2 y otros gases tóxicos, existen muchos estudios sobre la mesa esperando a ser debatidos y considerados dentro del rango de las múltiples disciplinas y ciencias que deberían intervenir para tomar valores certeros y universales para el correcto camino del decrecimiento. En este caso y puesto que el esquema de soluciones toca muchos ámbitos de la vida humana que hemos llegado a concebir como bienestar en estos últimos 70 años, incluida la ética, entre otras, la tercera y cuarta premisas de hipótesis se hacen fundamentales, ya que, debido a la falta de experiencia e historia en cuanto a las consecuencias de medio y largo plazo de las emisiones modernas de CO2 y otros gases por la quema de combustibles fósiles, no nos queda más remedio que acudir a la holística completa, con la intervención de todos los conocimientos humanos. Sin olvidamos, por supuesto, de lo comentado dentro de la primera variable de decrecimiento, que reclama la imprescindible reforestación y una recuperación de los ecosistemas, como una importantísima fuerza de compensación y de captación de gases, se da apertura también a la necesaria disminución de emisiones, dentro de un ámbito de decrecimiento sensato.  
  • Ciertamente, y haciendo mención a la primera variable de decrecimiento, el asunto de “necesario e inútil” que alimenta una supraproducción, ha de tomar una postura coherente y consensuada respecto a las excesivas e innecesarias emisiones de CO2 y otros gases. Se cree, y es solo creencia, que para poder alimentar y crecer un supuesto sistema económico con bienestar de vida y consumo, hemos de mantener el crecimiento de bienes y servicios. Esto es un planteamiento reduccionista de una ciencia económica matemática que sostiene un sistema de capitales que no quiere asumir los riesgos de sus excesos, pero erróneo en tanto que de planteamientos de bienestar humano y otras consideraciones de economías alternativas. Las consecuencias son lo suficientemente importantes como para no seguir apoyando un sistema que, además de sostenerse en la inutilidad, crea enormes daños medioambientales y de felicidad humanas. No se puede perder de vista que, debido a este sostenimiento, un gran porcentaje de alimento acaba en la basura, la obsolescencia programada es otra de las causas que pueden ser resueltas con una tecnología básica que ya existe, puesto que existió en otra época, el consumo de plástico y de combustibles fósiles, el transporte devenido de las grandes masas de exportación e importación, para mantener la supra producción de las multinacionales y las grandes superficies de venta, es exponencialmente excesivo, y largo etc. 
  • Existen suficientes evidencias y conocimiento como para acometer un decrecimiento del PIB razonable que impidan más explotación de recursos y fabricaciones inútiles sin que cause ni pobreza ni daño importante en la población. Se ha tomado el decrecimiento del PIB como una causa de pobreza para la humanidad, cuando en realidad, haciéndose con coherencia y seguridad suficientes, apoyando el mercadeo local y las tiendas de toda la vida, la vuelta a la tierra, la independencia a lo inútil, la austeridad útil, el fomento de la evolución consciente, entre muchas otras medidas preventivas posibles, a los únicos que empobrecerían -en términos de no enriquecimiento exponencial-, serían a las multinacionales productoras, distribuidoras y vendedoras de esos múltiples productos inútiles y tremendamente contaminantes. 
  • El problema añadido a estas soluciones de decrecimiento reside en otra exponencialidad, y es la dependencia al sistema de capitales. Una gran parte de la población de hoy, dependen directamente de los trabajos que están relacionados con el sistema creado por las multinacionales y las grandes superficies, con lo que, un decrecimiento del PIB, afectaría inmediatamente a todas esas personas dependientes. Para que se pudiese producir un cambio que evite un caos económico, la única solución es albergar un decrecimiento paulatino y adaptándose a alternativas coherentes. Algunas tendencias creen que el crecimiento tecnológico no solo podría sustituir esta dependencia, sino que, además, mantendrían el crecimiento del PIB, pero esto es solo una opinión subjetiva que marca, únicamente, una sustitución de los poderes económicos y que nos pone en una tesitura de comparativa de intereses -guerra-, entre las diferentes multinacionales petroleras e industrias de combustión clásicas frente a las multinacionales químicas y suprateconológicas.   
  • En términos económicos de libre competencia, lo que la “macro” impone o controla, la “micro” queda subyugada y lo que la “micro” alberga en sus libertades, la “macro” se afecta en la misma proporción. El primero es dominado por las grandes compañías globalizadas y ordenadas según sus patrones y su mantenimiento, el segundo, que fue lo que dio lugar a lo primero por crecimiento continuado, termina por desaparecer cuando su límite tiende a infinito. Esto quiere decir que el crecimiento continuado e infinito de la macroeconomía sostenida y absolutista, con su ciencia inherente, no lleva a otro resultado que a la eliminación de la microeconomía en beneficio de la primera, con lo que no hay posibilidad de que la “micro”, que es la que provoca la necesaria oxigenación de la economía, pueda tener alguna posibilidad de acción. En otras palabras, la globalización de la economía mantenida por la “macro”, destruye toda posibilidad de decrecimiento para un nuevo crecimiento de la “micro”. Con todo ello, la conclusión es que no hay forma de decrecer si no es a través del decrecimiento de la “macro” en beneficio de la “micro”. Hablamos, en definitiva, de un crecimiento justo que compensa, con creces, el decrecimiento necesario. 
  • En un nivel de conocimiento humano sucede lo mismo. Lo que el razonamiento objetivo -por inferencia deductiva- globalizado, impone o controla, destruye toda posibilidad de existencia del razonamiento subjetivo -por inferencia inductiva-, con lo que el sistema pierde la posibilidad de oxigenación y de armonía y por tanto del necesario decrecimiento de lo que es excesivo, en este caso, de lo deductivo a favor de lo inductivo ( ‘Hablemos de ciencia’, J. Jamchen, 05-23)            
  • - Tercera variable: El decrecimiento tecnológico.
  • Aparentemente, y tal como se ha apoyado desde la Unión Europea, se ha supuesto y apoyado la idea de que el avance tecnológico podría conllevar mayor eficiencia, y podría contener soluciones para llevar a cabo ese llamado “decrecimiento justo” que asegure el bienestar y la estabilización del crecimiento del PIB, tal como se ha expresado en el sexto informe del IPCC. Sin embargo, estas posibles estrategias económicas, basadas en una hipótesis de consenso de ciertas ciencias, no están teniendo en cuenta un debate completo de todas las ciencias humanas que tenga en cuenta las afecciones y contaminaciones directas que la tecnología avanzada de hoy podría estar teniendo sobre la salud de los humanos y la misma naturaleza -y clima-, sobre la naturalidad de los acontecimientos, como son, por ejemplo, las intervenciones genéticas en plantas y demás seres vivos, o sobre aspectos insoslayables de la ética inquebrantable ganada a través de los miles de años, entre otras cuestiones relacionadas. Del mismo modo, tampoco se está teniendo en cuenta que una estabilización del PIB con decrecimiento de las emisiones de CO2, solo es posible si las “macro” siguen tomando el poder de la economía a favor de la tecnología y otras industrias y en contra del crecimiento de las industrias que emiten CO2. El resultado, como ya se ha advertido en la variable anterior, no es otra cosa que un cambio de manos de poder, incrementando aún más la desaparición de las “micro”, con lo que no habría decrecimiento real y el único beneficio sería, de nuevo, para las multinacionales tecnológicas, químicas y sus derivados político-económicos, además del peligro contenido de la posible pérdida ética que albergan las tecnológicas, según parecen expresarse en los últimos años.  
  • En cuanto a las supuestas reducciones de CO2 con el cambio de poderes, es un tema que aún no está nada claro. Existen estudios que plantean una duda muy real sobre si las industrias de nueva tecnología van a emitir menos CO2 para mantener al mismo nivel lo productos y los bienes y servicios actuales. A esta problemática, se le añade la peligrosidad de ciertas prácticas de alta tecnología, entre ellas, la explotación de metales, plásticos, etc. para la construcción de esos bienes y servicios, la continuación del uso de químicos, las contaminaciones electromagnéticas debida a los desarrollos exponenciales de los nuevos sistemas de comunicación, las alternativas supuestamente “sostenibles” que albergan una altísima peligrosidad, mayores que los actuales, como el reactor nuclear de sodio, entre otros, y largo etc.   
  • Con todo ello, para poder albergar un decrecimiento verdadero que beneficie a la naturaleza y a la humanidad conjuntamente, no habría otro camino que asumir el natural decrecimiento del PIB, de tal forma que todas y cada una de las multinacionales, dueñas de la “macro” actualmente, queden en decrecimiento también. Esto posibilitaría que las “micro”, con todas sus gentes, pudieran actuar y tuviesen la capacidad para limpiar y revitalizar la economía a niveles razonables. La no dependencia a la “macro”, sería entonces uno de los principios a desarrollar dentro de ese decrecimiento real. Aunque cueste admitirlo, sobre todo para el ámbito de los poderes económicos, una supuesta “crisis económica” que afecta a las grandes multinacionales sería necesario, pues mantener la economía en los estados actuales, es ensuciarla aun más y da poder ilimitado excesivo a las grandes multinacionales que controlan todos los organismos de decisión sobre la sociedad, pero debemos saber que una crisis bien llevada desde una “macro” alternativa que sea natural y consciente, que cuida de la naturaleza y de los humanos, sosteniendo lo vital e importante y respetando y haciendo respetar los derechos fundamentales, limpia los mercados y esa limpieza purifica los estados económicos para un nuevo nacimiento dentro de esas libertades inalienables. 
  • En definitiva, el decrecimiento que estamos hablando, no significa un decrecimiento de las economías ni de las libertades de las gentes, sino de las economías y libertades inapropiadas de las grandes multinacionales que no están respetando al pueblo, que es la gran mayoría y que, no sólo son las cosas directas de antropización, sino que, además, están negando la posibilidad de que haya una naturaleza y un ser humano libres; por eso, una “macro” decrecida pero bien direccionada y controlada, segura y con una ética impecable, que protege y respeta el desarrollo natural y libre de las “micro”, también respetuosas y con una ética impecable, es un orden público consciente y auténticamente democrático. Es ese el verdadero bienestar que puede ser asegurado al pueblo y no otro. 
  • La naturaleza es importante, y tenemos la obligación de cuidarla en la misma medida que cuidamos a la humanidad, pero no será sino a través de la libertad de la naturaleza, como podremos albergar nuestra propia libertad, van de la mano, por eso, también decimos con la misma fuerza que no será sino a través de la libertad del humano, como podremos albergar la libertad de la naturaleza.