sábado, 2 de abril de 2022

Naturaleza consciente frente a la falsa ecología

 


Cuando un agricultor natural se identifica con lo que hace y su papel en el mundo, no le cabe la menor duda de lo que significa para él, o, también, para su entorno. Esta seguridad transita dentro, y se realiza directamente en el trabajo directo, con sus maravillosos resultados hacia fuera, en la Naturaleza externa, que son devueltos extensamente en un recibir que lo colma todo, disipando la posibilidad que se reproduzca cualquier duda. Se trata de una seguridad que permite una retroalimentación que parte desde adentro del individuo hacia afuera de él, y que luego es correspondida desde un afuera hacia adentro; alimentándose ambos, mutuamente, en un devenir precioso de armonía, aún con sus procesos difíciles.

Cuando un agricultor natural se descentra de sí y sacrifica parte de su provecho para alimentar a la Naturaleza, está enriqueciéndose doblemente. Por un lado, obtiene, en abundancia más que suficiente, su fruto merecido, y, por otro lado, está obteniendo la gran satisfacción interior de estar ayudando a que la Naturaleza sea ella misma. Si la Naturaleza deja de ser, en esencia, ella misma, es decir, nosotros, con nuestra acción, impedimos que eso suceda, los humanos, como parte de ella que somos, nos apartamos de ser naturaleza. Siendo naturaleza, como somos, aunque se resistan algunos a aceptarlo, estaríamos entonces hablando de autodestrucción. La no destrucción, por ello, es el acercamiento a la Naturaleza, y eso, invariablemente, implica un pequeño sacrificio de provecho propio.  

Sin embargo, hablar de naturaleza, o de ecología, sin haberla realizado desde su experiencia directa, sino controlado desde la ciudad, por los intereses de ella, en el tiempo que se está produciendo tal supremacía tecnológica como solución ecológica para la naturaleza y para el humano, contiene graves absurdos y discrepancias, hablamos de una falsa ecología. Es absolutamente carente de toda razón lógica y de toda practicidad, así como de congruencia, aspirar a un cambio global ecológico mundial a la vez que se es tecnológicamente “supra-incrementado”, matemáticamente reglado, artificializado, hasta límites insospechados que provocan una clara deshumanización, es decir, una no naturaleza, con las desastrosas pérdidas y sufrimientos consecuentes que provocan la mencionada autodestrucción. Siento decirlo, pero son dos partes absolutamente incompatibles, imposibles de reconciliar, en sus extremos. Sin un humano natural, es imposible, e incluso insultante, hablar de una defensa de la naturaleza.  

Si la humanidad ha de esperar una reconciliación, no queda otro remedio que templar las dos partes incompatibles, tal como nos enseña la ya expresada estética de la Indeterminabilidad; entonces, es posible que exista armonía, sin olvidar que templar significa naturaleza consciente con sus necesarias transiciones. Hasta ahora, a causa de nuestras máquinas y tecnologías, hemos destruido la naturaleza, ha sido y es una inconsciencia total. ¿Cómo se puede aspirar entonces a un nuevo ecologismo devenido desde nuestras máquinas y tecnologías? ¿controlando el clima, o a los mismos humanos, desde la transgenia de plantas o personas, etc.? Y, lo que es más: Imaginando, que es mucho imaginar, que se asumieran acciones benditas y conscientes de salvaguarda de la Naturaleza ¿Cómo se puede, en esas condiciones, pretender un ecologismo -teóricamente pronaturaleza- a ultranza, en base a un humano supra-tecnologizado, siendo el humano la misma cosa que naturaleza? No es la naturaleza quien debe hacerse a imagen del humano, sino el humano es quien debe hacerse a imagen y semejanza de la Naturaleza, pues esta segunda es más extensa.

Es de sabiduría universal y de experiencia, que nada es realizable sino con el ejemplo de nuestra propia vida; no se puede decir soy natural, si mi vida está implacablemente dependiente-sometida- de -a- un artificialismo feroz. Para llevar a cabo una verdadera “ecología”, o un verdadero cambio hacia la naturaleza, hace falta un acto de consciencia natural, que implica un ejercicio libre, real y ético de ello con nuestra propia vida. Es por todas estas incuestionables razones, entre otras muchas más, que la Agricultura Natural expuso su séptimo principio de Vida Natural Consciente. Un agricultor natural que se precie de serlo, invariablemente, debe llevar una vida humana acorde a lo que aspira para la naturaleza. Del mismo modo que aspirar a ser natural para la naturaleza, implica un acto de consciencia para la naturaleza. Aspirar a ser natural para la naturaleza, implica un acto de consciencia para sí mismo también. Van de la misma mano.


sábado, 12 de febrero de 2022

Hacia una nueva definición de agricultura

 

De las tradiciones babilónicas, pasando por los romanos y demás culturas bárbaras del pasado hasta hoy, nos llega un concepto de agricultura erróneo, en tanto que la deja sometida a la actividad económica y a la producción de alimentos. Y digo erróneo, en el sentido de incompleto, pues, toda actividad humana de campo, no tiene necesariamente que conllevar, como objetivo esencial, economía y producción de alimentos, aunque sí lo pueda implicar indirectamente, por necesidad y practicismo natural, o por la natural interacción entre actividades diversas.

Lo que quiero decir es que, genéricamente, cualquier actividad humana, por ejemplo, la lectura de libros, no tiene porqué estar condicionada, primordialmente y en su ser mismo, a un objetivo económico o a una producción, por lo tanto, no puede venir definida y fundamentada exclusivamente con tales principios, pues, de ser así, no abarcaría suficientemente la totalidad de su concepto; en este ejemplo, la lectura de libros es lo que es. Carecería de todo sentido definir la lectura de libros, como aquella actividad económica humana de leer, y eso no significa, sin embargo, que no pueda contener economía el acto de leer libros cuando interactúa con otras actividades. Una buena definición se distingue de otra incompleta o errónea, por la capacidad que tiene, teniendo en cuenta sus ámbitos etimológicos heredados, de abarcar todo su ámbito sin perder la esencia de su ser, y no por sometimiento, causa de entorpecimiento, de otra actividad exclusiva que implica interés de esa exclusividad.  Lo económico o lo productivo son ámbitos particulares, actividades concretas que no pueden abarcar -o someter-, a toda actividad humana que atente sobre el principio fundamental de su ser. Del mismo modo, ninguna actividad en concreto, puede abarcar a otro tipo de actividad en su principio esencial.

Estas cualidades nacen gracias al correcto desarrollo de las identidades propias necesarias de cada cosa, ya que, siendo así y por su propia dinámica, estas clases de autonomías, que están en el ejercicio de abarcar esencialmente toda su totalidad propia, conllevan, implícitamente, la interacción y el respeto de cada actividad a las demás actividades, por la sencilla razón de que, si es esencia, están conectadas unas con otras. La teoría estética de la indeterminabilidad, que di vida hace como unos trece años, muestra que, aunque nada se hace determinado para siempre -y con ello absoluto-, ya que todo está en continuo movimiento, toda manifestación individual que se determina coyunturalmente, contiene su propia y suficiente autonomía esencial. La esencia de cada cosa se adquiere por la experiencia, siempre en evolución, y es lo que le da el movimiento -la indeterminabilidad-, en función de cada circunstancia devenida debido a su interacción con las demás manifestaciones individuales. Adquirir en comprehensión, las diferentes esencias -particulares-, es la aspiración de la indeterminabilidad y se conectan entonces en una sola esencia -global, universal-; de esta manera, se asegura la convivencia entre cualquier manifestación. Debido a la imperfección de la mente, toda manifestación humana es interpretable, por ello está necesariamente abocada a ser revisada continuamente con la intención de estar más cercana a la perfección de la esencia universal que está conectada con todas las esencias particulares.

Todo ello nos da facultad para que, en base a los significados etimológicos y sin contradicción con las definiciones -determinaciones-de la RAE y otros ámbitos con potestad de conocimiento del concepto, podamos puntualizar, extender y completar las definiciones. El conocimiento no puede estar medido por el antojo de determinados razonamientos, por muy lógicos que estos sean a priori, por ello, debemos ser muy rigurosos con lo que exponemos y con lo que está establecido desde miles de años, comprendiendo profundamente que podemos intervenir en todo conocimiento siempre que lo hagamos cuidadosamente, sin faltar a la esencia ya adquirida de su concepto, y esto es lo que asegura que sean capaces de acercarse aún más a la esencia auténtica y universal de la que están compuestos. Esta habilidad necesita de cierto lenguaje adiestrado, no se puede hacer sin una base argumental digna y bien cotejada que no atente jamás contra el sentido común y los saberes esenciales adquiridos desde milenios, que no se pueden perder si queremos seguir evolucionando como humanos.   

Con lo expresado, volvamos al tema que nos incumbe, que es la agricultura, y la natural, por la vocación realizada. La Rae nos dice que agricultura es el cultivo y la labranza de la tierra o el conjunto de técnicas relativos al cultivo de la tierra. Por un lado, debemos advertir, tal como he desarrollado en el Tratado de Agricultura Natural, dos cosas: primero, agricultura no es sinónimo absoluto de cultivo y segundo, aunque en algunos aspectos generales, la agricultura pueda contener labranza, no todo cultivo de la tierra conlleva labranza. Por otro lado, la agricultura, aun conllevando un conjunto de técnicas relativos al cultivo de la tierra, globalizarlo como técnica de cultivo no alcanza la esencia de su ser, digamos que no contempla la totalidad de su significado. Técnica de cultivo no lo es todo en agricultura, puesto que existen muchos otros conocimientos prácticos, y no prácticos, relativos a la agricultura, que no requieren cuestiones de cultivo o incluso de técnica. La agricultura de sólo recolección, por ejemplo, podría requerir cierta técnica, sin embargo, no implica cultivo. Del mismo modo, existen múltiples acciones de campo que no corresponden necesariamente a un conocimiento técnico determinado, sino a un conocimiento sensible o intuitivo que no puede ser encapsulado. Yendo más lejos, existe también, dentro de nuestro ámbito de cultura natural y vida dentro del campo -agro-, por tanto, dentro de la agricultura, una observación y contemplación y una no acción que implica dejar hacer a la propia Naturaleza.  

Como vemos, la definición dada por la Rae, expresa un escenario acotado que no corresponde con la esencia y la virtud de la agricultura, por lo que es incompleta. Dijimos que no debíamos contradecir las definiciones de los que se suponen que tienen potestad de conocimiento, sin embargo, pensemos que no estamos contradiciéndola, sino completándola, intentando dotarle de todas las características esenciales posibles. Eso sí, si es incompleto, es erróneo en cuanto a definición y aquí puede conllevar un rasgo de contradicción, pero si somos capaces también de incluir esas definiciones también, entonces no las contradecimos.

Por tanto, de la misma manera que lo económico no es característica esencial exclusiva de lo agricultural, tampoco lo son el cultivo, ni lo técnico, ni la labranza. Comprendiendo esto, podemos entonces abrirnos a esta nueva propuesta de definición de agricultura expuesta en el Tratado de A.N.:

“Agri-cult-ura, como aquella actividad (ura), de campo (agri), en el sentido de cultivar y de habitar a su vez (cult). Agricultura, por tanto, implica, no sólo la acción de cultivo, sino la acción de vida del habitar”

“Agricultura, desde el punto de vista amplio, es la base de toda vida consciente de campo. Y contiene e implica, no sólo el simple manejo, el cuidado y el cultivo de las plantas de forma consciente para obtener fruto de ellas (sea este de alimento, medicamento, vestimenta, etc.) y sus actividades derivadas, sino también, todo aquel conjunto de actividades sobrevenidas para el sostenimiento de la propia vida consciente de campo -habitando en él o no-.”

Por su parte, la Agricultura Natural entonces, se quedaría definida igualmente con las mismas cualidades, pero sumando la premisa Natural en cada una de ellas.


domingo, 23 de enero de 2022

No existe edad en la vida


Lo que damos a la Naturaleza es lo que recibimos. Mejor aún, Si Ella recibe vida de nosotros, obtenemos vida, pero mucho más de lo que dimos nosotros, pues la vida se multiplica por muchas veces, siendo ese su talante cuando se la alimenta respetando su estado natural.

Una tierra colindante a la finca principal, la hemos hecho nuestra responsabilidad y anexado a nuestro bosque Natural de alimentos. La encontramos desértica, ahora ya contiene más de una centena de plantas en sus primeros albores, preparadas para expandirse. Nuevos comienzos se aúnan con aquellos que ya fueron y se vivifican ahora con la misma intensidad de entonces. No existe edad en la vida, porque ella es eterna.

Ayer me levanté de noche y me fui directo a plantar un lindo alcornoque recién adquirido. Hacía frío, mis manos estaban tan congeladas y doloridas, que apenas podía tocar las piedras ni la tierra para hacer el hoyo. Con paciencia, poco a poco, pude acabar con éxito la labor. Levanté entonces la vista, y, de repente, un leve rayo de sol, que aparecía en el horizonte de las montañas del este, se incrustó en mis ojos y me hizo despertar, me quedé en contemplación. Había amanecido, tres amaneceres unidos, el sol con el árbol y conmigo. -buen augurio, pensé. En pocos minutos mi cuerpo se calentó gracias al amado sol.  


jueves, 20 de enero de 2022

Sobre la autosuficiencia natural relativa

 



Tal fue expresado en el libro 2 de Vida Natural Consciente: “la autosuficiencia absoluta no existe”, “no vivimos solos en este mundo, estamos en permanente interconexión con el resto de los humanos y nuestro medio”, “por eso, hablar de autosuficiencia, en sentido estricto, no tiene sentido alguno”.   


Sin embargo, con la mirada puesta en la Agricultura Natural y otras alternativas pro-naturaleza, podemos mantener una autosuficiencia relativa a un nivel muy satisfactorio y óptimo, pero contando con la ayuda y la necesaria interacción que podamos recibir de los demás y que podamos también prestar a los demás. Es ese un auténtico vivir dentro del intercambio y la cooperación de los agrohabitantes.   


Necesitamos pacificar los extremos, sean de la clase que sean, y aplicar la suficiente serenidad e introspección, para que nuestra devoción por la autosuficiencia, no devengue en frustración posterior y nos causemos más dificultades que beneficio. Es por ello que podemos afirmar que la autosuficiencia relativa es el descanso que nos permitimos ante toda devoción, de la misma manera que el retorno a uno mismo, significa también el descanso en lo colectivo. Ciertamente, aunque parezca contradictorio, en el ámbito de la vida natural -no artificialista-, la aspiración personal a la autosuficiencia, como tendencia de movimiento humano, implica, de alguna manera, una aspiración social también, una autosuficiencia social.  


Cuando la aspiración a ser autosuficiente intenta ser puramente individual y absoluta sobre sí misma, se convierte en algo extremo que da lugar a un individualismo en estado de supervivencia y rencor hacia el resto de la humanidad y no permite el descanso en la aceptación de que necesitamos también de los demás Si una ideología de autosuficiencia se vuelve absoluta, convierte a muchos seres en individuos ensimismados, incapaces de reconocer y ver que necesitan también de los demás; este es un hecho que nos llama, inevitablemente, a lo social, de ahí la aspiración a su relatividad, pero contiene también su flanco débil, ya que, por su insoslayable necesidad social, son características aprovechadas por el mismo artificialismo social, que lo sabe desarrollar muy bien y que debemos evitar a toda costa, pues es la cara oculta de la autosuficiencia engañosa.   

 

La autosuficiencia social es asunto muy delicado y hay que andar alertas ya que, abiertos necesariamente a lo social, podría ser muy fácil perder la propia visión de la autosuficiencia y, del mismo modo y en su extremo, podría conllevar la marca de ese radical dañino que perjudica sobremanera a los individuos que se quedan obligados, ante determinado totalitarismo, a aceptar un extraño individualismo con cara social que domina; en este caso, a aspirar a una embaucadora autosuficiencia, con un engaño soterrado de que es posible gracias a ese totalitarismo social.  


El artificialismo conoce perfectamente que necesitamos de los demás, por eso, los que lo promueven nos dicen: ¡Sed autosuficientes e individuales, el artificialismo os ayudará con poderosas máquinas, poderosos inventos, alimentos y medicinas creados artificiosamente para todos!... En la cara encubierta está el supra-enriquecimiento de sus magnates, el control totalitario a costa de una engañosa autosuficiencia colectiva que no es real autosuficiencia, sino la más pura dependencia y la destrucción de todo ser natural y de toda vida natural.   


La autosuficiencia real y relativa, como movimiento social, podría ser algo muy positivo, sin embargo, necesitamos también descansar del propio descanso que nos da lo social, necesitamos recordar que lo individual -que no individualismo-, es la base de toda autosuficiencia, aunque necesite de su social, no perdiendo la visión, dándonos cuenta también de cuáles son las cualidades de ese individual dentro de ese social. 

 

La verdadera revolución de la autosuficiencia natural y consciente, la que te hace realmente libre, es la no dependencia del consumo artificial, la aspiración a autosostenerse, alimentaria y medicinalmente, personal y socialmente, con productos naturales obtenidos por uno mismo, o intercambiados, el no estar amenazados por la “aparente” necesidad de lo sintético y artificioso, ni personal ni socialmente. La relatividad de la autosuficiencia real, es que no siempre podemos acceder a ella, necesitamos renuncias y aprender mucho y, además, tenemos que contar con la mínima artificialidad para poder llevarla a cabo en todos los procesos de transición. De ahí el octavo principio de la Agricultura Natural  

   

El comienzo a ello es el camino, y el camino deja estelas y experiencia. Ahí se unifican después seres humanos que viajaron también, entonces se socializan e intercambian, desde ese ámbito común. Con esta fuerza se puede llegar más allá, incluso, de lo alimentario y lo medicinal, para realizarse en la construcción natural, en sus enseres necesarios, en su mental, etc. Para ser un humano social que sea natural, justo y consciente, antes hay que saber ser uno mismo natural, justo y consciente, y esto requiere tolerancia con nuestro uno mismo, requiere un proceso de asimilación, requiere tiempo sin perder el objetivo. Ese es el verdadero sentido de la autosuficiencia relativa.   

 

domingo, 2 de enero de 2022

El último gesto

Yo fui artista plástico, ¡Vaya nombrecito tan descontextualizado para nuestras entendederas de hoy! Hay que comprender que, en el mundillo del arte, ser plástico es todo un honor, muy egocéntrico, no les quepa duda, pues evoca el sentimiento de la creación, de un determinado sujeto, elevado a su máximo exponencial. Pero, ¿de qué clase de creación estamos hablando? Lo diré en pocas palabras, hablamos de toda aquella acción pensada que, sin un aparente motivo de utilidad, coloca, ajusta, pone y arregla el humano, es decir, que genera artificios para un supuesto placer vivencial. En definitiva, si agudizamos con ojo atento y tal y como ya fue dicho en el Tratado de Agricultura Natural, es aquello que es artificial -de ahí la denominación de plástico- y se escenifica como ciencia generadora de cosas y fenómenos provenientes de la razón humana actuando sobre su medio, en el caso que mencionamos, para un uso de disfrute.

Hay que andar con mucho cuidado con esto porque la estética, como ciencia filosófica del arte que es, pasó las fronteras del disfrute hace ya muchos años, y el arte quedó entronado a ser algo más que el puro placer, pasando a formar parte del lo político, lo social, etc., de hecho, fue así como consiguió esta filosofía ser una entidad autónoma y configurar aspectos mucho más prácticos y generales. Y, yendo más lejos, fue así como, a través de diversas malinterpretaciones, como la estética llegó a ser cómplice, en algunos de sus aspectos malavenidos, de aquellos pensamientos destructivos de ciertos regímenes dictatoriales en tiempos de la segunda guerra. La clave peligrosa de todo ello:  la arbitrariedad que toda estética puede conllevar y que esconde, bajo patrones de racionalidad, una multiplicidad de intereses personales -subjetivos- que se proclaman, para un supuesto bien común, como ciencia de conocimiento.

Pues bien, dicho eso, les contaré que, después de pasar por múltiples salas de exposiciones, ya muy versado en los grandes conocimientos estéticos, escenificando mis “grandes” -absurdas- creaciones, y esperando, como es propio, en una carrera sin final, el reconocimiento que se espera de cualquiera que se dedica a ello, el momento esperado fue llegando poco a poco, y, con ello, el final para mi carrera artística.

Hubo un acontecimiento relevante que me gustaría contar y que pienso que es simbólico para lo que quiero decir hoy. Este acontecimiento fue que, mientras veía con desgracia, como mis compañeros de fatiga artistas, iban simulando toda clase de artificios tecnológico-visuales, para llegar al absurdo más estrepitoso, yo decidí, debido a mi inclinación más manual, pues yo era pintor, por encima de todo, y a mi devoción y prácticas directas con la Naturaleza, matar mi propio arte creando un único gesto; es decir, intenté que mis obras significasen el gesto más abreviado y concentrado posible, fácil, para escenificar lo más difícil y profundo, eso sí, que acabara con una obra tecnológica también. Con esa idea, elaboré lo que fue mi última serie de pinturas que, tras ser expuesta en varias salas de arte del norte de Europa, regresé de nuevo a España, con toda la ilusión del mundo, para mostrarla en mi propio país. La sala fue un museo de Cataluña, que tenía un espacio blanco, lindo y grande, de unos cien metros cuadrados.  Allí colgué mis diminutas obras de pocos gestos, acompañadas cada una, de una poesía y en un rincón puse un monitor con un video arte, simbolizando el final y la dura renuncia que nos lleva a la libertad. Bien, la inauguración fue como siempre, preciosa presentación, organización impecable, gentes entusiastas, periodistas interesados, cámaras grabando el importante evento, entrevistas y demás protocolos.

Sin embargo, a pesar de aquellas bondades, la sala daba la sensación, con tanto blanco y paredes vacías, que, en realidad, estaba completamente vacía de arte material. Yo pretendía que los observadores se acercaran mucho a ver ese gesto único y que percibieran la esencia del detalle matérico lleno de profundo concepto, pero esto lo vieron solo algunas personas. Lo que sucedió al final, fue lo de siempre, un interés desacerbado por mi persona -personaje- y muy poco interés real por lo que realmente quería expresar. Lo que en verdad se me repitió, pero esta vez con mucho dolor, fue un sentimiento de complicidad por un mundo que no me gustaba y, sobre todo, de profunda soledad y un desprecio por todo aquello que estaba haciendo.

Tras aquella experiencia, volví a mi campo, colgué los pinceles y los lienzos y me volqué de lleno a lo que más me gustaba hacer, que era cultivar las plantas y seguir la vía retirada de la Naturaleza, prometiéndome a mí mismo, no volver más a un escenario público artificialista, fuese de la clase que fuese. Así fue como me despedí del mundo artificialista, y así fue como comencé mi total entrega en la defensa de lo natural a través de la agricultura Natural y en la defensa de un humano mucho más adaptado a ello.

Lo que vivimos hoy, es la alegoría máxima del artificialismo más extremo jamás visto, veo con tristeza un escenario artificioso creado por unos pocos -muy pocos- “artistas tecnólogos” que intentan diseñar un mundo de tecnologías terribles que nos separan brutalmente, a fuerza de palos, de lo que realmente somos, pura Naturaleza. Ante el mundo que estamos viviendo, las buenas gentes, que son la gran mayoría, se preguntan y contestan: pero, ¿qué salida hay?, “ellos” son los expertos, no habrá más remedio que hacerles caso para salir de esta situación tan penosa que nos amenaza.  

A todos los que se hacen esta pregunta, desde mi más humilde opinión y con postura ideológica en la Agricultura Natural de Vida Natural Consciente, decirles que, además de que deberían preguntarse dónde está la amenaza en realidad, decirles también que una vez resuelta esa pregunta, de muy sencilla respuesta, si es sincera, no solo hay una salida muy clara, sino que existen múltiples salidas, como múltiples sujetos que somos, que no significan, en absoluto, la salida artificialista de una tecnología altamente peligrosa, que pone en jaque lo que somos verdaderamente y que pone en peligro real nuestra salud física y mental.

No existen salidas ante el artificialismo, usando un lenguaje artificialista, las salidas posibles ante esta barbarie que estamos viviendo, requiere un lenguaje mucho más sencillo, que posee un solo gesto sencillo, ese que te llama a la renuncia a lo que es artificial en extremo, dañino como todo extremo. Este gesto se llama LIBERTAD, con letras mayúsculas, se llama defensa de nuestros derechos plenos y de la legalidad constitucional y otras legalidades ganadas por la experiencia de muchos miles de años, que no debemos permitir que sean violados bajo ningún concepto y que están por encima de toda "pseudolegalidad", que es intencionalidad subjetiva u objetiva “cientifista” experimental, que son lo mismo, estética pura del mundo de las ideas, vamos. Y mucho menos, bajo la fuerza y la presión, con el emblema “el bien común”, pues ninguna ideología que sea buena para todos, usa ese emblema para forzar y quitar primeramente derechos a todos, con la premisa de sólo ganar la libertad bajo sus determinados preceptos, que, además de ser muy sufrientes para todos -lo que no genera bien alguno-, son altamente discutibles con bases muy potentes de conocimiento, tanto científico, como filosófico, como ético. De hecho, de esto precisamente habla el último artículo -creo recordar que es el último-, de la Declaración Universal de derechos humanos, donde se salvaguarda esta posibilidad. 

Se llama, en definitiva, rechazo contundente al artificio que destruye la Naturaleza con toda su bondad. Y este rechazo, significa una renuncia importante, pues nos requiere confiar en la Naturaleza y replantearnos lo que somos ahora y quienes somos en realidad. Hace falta para ello, colgar los pinceles artificialistas, pegar un auténtico y valiente salto y CONFIAR EN LA NATURALEZA Y NUESTRA LEGALIDAD GANADA,  que somos nosotros mismos en manifestación de voluntad natural, pues Ella es la única que tiene las respuestas, siendo nosotros sus traductores. Eso es ya otro lenguaje, ahí comienza un mundo renovado que lleva implícito los valores éticos merecidos, con un nuevo conocimiento amplio, que es comprensivo, tolerante y dialogante. Por el amor de la Naturaleza, seamos todos bienvenidos a ese mundo renovado más natural y más consciente.   

lunes, 27 de diciembre de 2021

El alma en su jardín

 

Para los antiguos egipcios, de hace más de 3.500 años, en el más allá, el jardín del difunto permanece con él. Así reza en las paredes de las tumbas:

“Entrar y salir de mi tumba, refrescarme a su sombra, beber el agua de mi estanque cada día, que sean firmes todos mis miembros, que el agua del Nilo me dé el alimento de mis ofrendas, verduras, según las estaciones, que me pasee por los vergeles de mi estanque cada día indefinidamente, que se pose mi alma sobre el follaje de los árboles que he plantado, que me refresque bajo mis árboles, que coma el pan que dan”

Que nos sirva de inspiración, a los agricultores naturales de hoy, estas bellas palabras, sabiendo que nuestro hacer en la Naturaleza, es un acto de amor hacia ella y hacia nosotros mismos. Por ley inmutable de causa y resultado, lo que damos en esta tierra, para ella misma y todos los seres vivos que hay en ella, nuestros esfuerzos por embellecerla y llenarla de vida, es lo que ella tendrá y lo que tendremos nosotros.

Lo que importa no es el esfuerzo que hacemos en la Naturaleza, o las dificultades con las que nos encontramos, pues es un trabajo que nos colma de alegría y virtud, sino lo que dejamos como legado, presente y futuro. Cada vez que un agricultor natural posa sus manos y todo su espíritu en la tierra, el universo se satisface infinitamente y nos lo hace llegar, multiplicado por millones de veces, a través del gran tesoro de su alimento espiritual y material. Es a este acontecimiento al que debemos acogernos, sintiendo el mayor regocijo que existe en este mundo; de esta manera, compensamos las fuerzas externas que destruyen la vida, que trabajan, con ignorancia supina, para la no vida.  

La “gran madre”, así llamé a este ejemplar de roble andaluz -Quercus canariensis-, que planté hace como unos dieciocho años. Entonces, no superaba un dedo de grosor y apenas una palma de mi mano. Hoy, abrazo ampliamente su tronco con mis dos brazos que pronto no podré alcanzar su circunferencia y su tamaño de ancho y alto supera los ocho metros. Este lugar se ha convertido para mi y los que viven conmigo, en un lugar sagrado. Su energía es muy poderosa para todo el que se acerca a ella, tal como son sus raíces en la tierra que tocan y sus hojas en los aires que alcanza.

A la sombra y luz de la “gran madre”, conviven diversas especies de plantas, algunas introducidas y otras venidas por la magia naturaleza. Por mencionar algunas de las plantas de coberturas, encontramos la enredadera vinca pervinca, berzas, dientes de león, lavandas y romeros, aloes, etc. Y en las arboledas que este roble madre toca directamente en los aires, contemplamos un níspero, varios almendros, un olmo de Siberia, un arce pseudoplátano, un cornejo, un durillo, varios pitosporum, dos alcornoques, un arce negundo, varios madroños, dos perales, …; ¡Oh!, que apenas nos alejamos de su centro, internándonos en el resto del bosque, y casi olvidamos que es su centro de vida, la causa origen expansiva de todo aquello que este árbol parece no tocar… Todo está tan conectado en este bosque Natural de alimentos, mismo jardín del Edén, que incluso, en sus rincones más alejados, la “gran madre” convive, ama y protege.

Que no se nos olvide nunca, nuestro paso por esta vida solo tiene un sentido: obrar en virtud de vida para la Naturaleza y para todos los seres que contiene. Nuestras acciones en Ella, son la misma realidad que dejamos aquí y que encontraremos allí, tanto para los demás como para nosotros mismos.

¡Felices años y mundos nuevos!


jueves, 23 de diciembre de 2021

Alimentemos la vida y la salud

 

Cuando plantamos una semilla en la tierra y le damos sus condiciones necesarias de agua, de calor, de aire y de nuestra energía propia, el universo entero conspira para que la fuerza de la vida se manifieste por sí misma. Nosotros, como vida que somos, tenemos la voluntad para generar tales condiciones, pero, en realidad, únicamente somos un elemento más.

La Tabla Natural Consciente de la Tierra Filosofal, nos dice que la auténtica quinta esencia se encuentra en alimentar la vida; y, alimentarla para que esta se manifieste impecable, con todo su impulso, requiere de un sencillo acto de agradecimiento y confianza.  Sin agradecimiento, no podemos entregar nuestra fuerza amorosa que cuida el acto de sembrar vida, y eso, nos dota de una confianza plena en la vida.

Todos los seres vivos tenemos una responsabilidad con nuestro vivir y con el vivir de todo lo que nos rodea. Como promotores de vida que somos, debemos, si queremos seguir alimentándola, que actuar en consecuencia con ella. Veámoslo con un ejemplo: Si yo padre miedoso de la enfermedad y la muerte, tengo hijos sanos sin miedo que rebrotan vida, y sin sentir agradecimiento por lo que ya tienen y expresan, los persigo continuamente para comprobar su temperatura, les pongo máscaras que le impiden respirar, para que no se contagien de los gérmenes naturales, les inoculo diversos medicamentos tóxicos innecesarios, cambiándoles, incluso, hasta su estructura genética imaginando una gran variedad de malas suertes, etc., y no les permito, en definitiva, vivir en paz y libertad, ¿qué estoy provocando en ellos? Pues estoy provocando que esos maravillosos seres, padezcan diferentes tipos de enfermedad, tanto mentales como físicas; enfermedades, que, por su propia naturaleza y circunstancia, no tienen; con lo que les estoy acercando a la muerte y no a la vida, en un acto total de absoluta irresponsabilidad.  Alimentar la vida es cuidar, es agradecer en un sentimiento de compensación, se trata del más puro acto de amor. Y eso implica que el que recibe tales bondades, siente lo mismo y es por eso que se genera en vida, para más vida compartida. La vida es felicidad, es libertad, es alegría, …, conjunta todas las virtudes posibles, y jamás podrá venir de la mano de la amenaza, del miedo, de la presión, de…, pues estas son las fuentes de la enfermedad y la muerte.

Con las plantas sucede lo mismo, si yo actúo obsesivamente con mis recién nacidas plantitas protegiéndolas en exceso del viento y el frío, dejándoles sin apenas aire, inoculándole toda suerte de químicos fertilizantes y antiplagas, etc., no permitiéndolas que se desarrollen en su natural circunstancia, lo que estoy haciendo es acercándolas a la muerte, estoy impidiendo que vivan sanamente; con lo que, finalmente, me encontraré con plantas enfermas, dependientes de mi control absoluto.

Lo que es natural, en su más amplio espectro de multitud de posibilidades positivas y evolutivas, alimenta la vida, pues respeta y cuida lo que es dado por su propia naturaleza. Si observamos el término artificial, vemos que, en sus primeras instancias, no tiene porqué oponerse a natural, en tanto que artificio es aquello creado por el humano y este podría ser adecuado para la Naturaleza, es por eso que, dentro de la A.N. de Vida Natural Consciente, hablamos de la posibilidad de natural artificialidad. La cuestión relevante radica en saber que lo artificial en grado preponderante -como podría pasar como cualquier otro elemento, exceso de agua, por ejemplo, o de fuego, o de aire-, crea enfermedad de naturaleza, pues la enfermedad, que es la no salud, se genera precisamente por eso. Esta enfermedad de la que hablamos ahora, se llama artificialismo, por exceso de preponderancia artificial. Si deseamos curarnos de tal enfermedad, para no llegar a separarnos de la Naturaleza a tal nivel que dejemos de ser Naturaleza, y, con ello, dejemos de ser, sencillamente, debemos disminuir la fuerza de tal preponderancia. Recordemos que es conocimiento ancestral y esencial de ciencia médica y universal, que toda enfermedad, siendo tendencia a la muerte, para evitarla, o al menos no fomentarla, es necesario templar la fuerza de su preponderancia, tal como ya se explica profusamente en la Tabla Natural Consciente.

Estimados lectores, pongamos fuerza a un mundo más natural y consciente. Un presente y futuro cercano evolutivo, está en nuestras manos con una simple decisión ¡Alimentemos la vida y la salud!

Felices fiestas.


miércoles, 22 de diciembre de 2021

Ser o no ser Naturaleza está en nuestras manos

 Es de conocimiento universal insoslayable, que todos los seres vivos de esta tierra, nos hacemos a imagen y semejanza de nuestro medio. Tanto las naturales circunstancias, como las artificiales circunstancias del medio al que estamos expuestos, provocan cambios naturales en nuestra manera de ser que nos permite estar adaptados a esas nuevas condiciones y así nos transformarnos con la misma idiosincrasia. Esta es la gran capacidad de la vida, que, por sí misma, tiene la fuerza propia para provocar las mutaciones necesarias, dentro de todo ser vivo, para que siga siendo vivo. Esa capacidad se encuentra en nuestro impulso natural inmunológico, que posee su potencial adaptador, presente y hacia el futuro, con todo el historial de nuestra información genética pasada. Eso es lo que ha permitido que, a través de millones de años, aún estemos aquí, eso es el concepto de evolución, desde el punto de vista biológico.  

Dicho esto, y considerando que nuestras acciones son causa directa de cambios en nuestra información genética y en nuestras condiciones presentes y futuras, la pregunta que nos vamos a hacer hoy es: ¿qué clase de evolución queremos para la humanidad y cómo nos afecta, o podría afectar, tal o cual clase de evolución?

Antes de comenzar esta reflexión, debemos expresar con mucha claridad, que todo cambio esencial que la humanidad haga sobre sí misma, debería estar previamente dialogada y consensuada desde todos y cada uno de los ámbitos del conocimiento, y no solo impuesta, tal como estamos viviendo y sean las causas que sean, desde la ciencia tecnológica artificialista, que está mostrando ser pseudociencia con tal comportamiento.  Cambios esenciales, sobre todo si hablamos del ámbito genético, así como el social, el de naturaleza, etc., tocan los pilares de la ética humana, por ello, todas las ciencias -filosofía, medicinas naturales, biologías y otras ciencias de la naturaleza, antropología, sociología, espiritualidad, entre otras muchas-, deben alzar su voz con fuerza y provocar un diálogo importante antes de que sea demasiado tarde. Desde mi humilde posición, que el presente artículo, sirva de llamamiento para alcen voz, todas aquellas personas responsables y capaces de todas las ciencias existentes.  

 

Una planta es un ser vivo biológicamente igual que nosotros, como cualquier otro ser vivo. Llevo investigando muchos años, en teoría y en práctica, el comportamiento de las plantas en el medio y he concluido resultados muy trascendentes para el tema que estamos tocando. Una de mis investigaciones, ha sido intentar adaptar plantas hortícolas, con modificaciones genéticas artificiales, a condiciones naturales, para ver si son o no reversibles. Es decir, lo que he intentado es cultivar plantas que fueron creadas artificialmente, en condiciones de medio natural y dotadas de ayuda con el acompañamiento e hibridación natural de otras no modificadas, para ver si las primeras podían revertir sus condiciones artificiales y podrían adaptarse a un medio natural. Debemos advertir que la mayor parte del alimento vegetal que comemos hoy día, viene de esas plantas modificadas artificialmente, con lo que, ya sólo con eso, indirectamente, ya estamos produciendo un cambio genético en los cuerpos humanos.

Después de años en tal investigación, he tomado la conclusión final de que para los casos de domesticación artificialista extrema, necesitaríamos quizás, de ser posible y con mucho empeño, cientos de años para que una planta de esas características, pudiese revertir sus condiciones artificiales. Esto quiere decir que las modificaciones artificiales genéticas en las plantas, y aun peor, la transgenia, las hace tan débiles ante las condiciones naturales, que enferman gravemente y no sobreviven, salvo que les administremos permanentemente modificaciones y productos sintéticos; y lo más preocupante, dichas plantas, a corto y medio plazo, están completamente incapacitadas para volver a ser lo que eran de forma natural.  En definitiva, las plantas con modificación genética artificial, son absolutamente dependientes de los antiplagas y de los abonos químicos, así como de modificaciones posteriores permanentes y no son capaces de vivir, por sí mismas, en un medio natural.

Mi experiencia es la Agricultura Natural, y puedo afirmar, con bastante certeza y muchos compañeros podrían hacer lo mismo, que tales modificaciones en las plantas, provocan ya un cambio indirecto suficientemente sustancial en los seres humanos y en el medio que le rodea -alimento, aire, aguas, etc,..-, que se hace cada día realmente más difícil el retorno al medio natural. El problema es que sin naturaleza nada somos, pues la vida se conforma por sí misma, y ningún ordenador, ni inteligencia artificial, o laboratorio, jamás podrá tomar esa mano. Se trata de un atentado contra la vida, se trata, ni más ni menos, que de destruir la vida. Si queremos que nuestras plantas sigan siendo naturaleza, para ellas y para nosotros, tal cual son, según la fuerza propia de la vida y nuestra natural y consciente intervención, la conservación de semillas no modificadas genéticamente de forma artificial y su cultivo natural que respeta profundamente el medio desde todos los lados, se hace primordial e importantísimo.

Debo repetir, como tantas veces ya hemos visto en nuestros ámbitos, que una planta naturalmente conformada, o como resultado de un cultivo natural y su consecuente domesticación natural, es muchísimo más resistente a cualquier enfermedad devenida, no hay plaga que pueda suceder, salvo la natural, que conlleve algún desastre general irreparable. No ocurre esto, sin embargo, con plantaciones artificiales, ante las plagas naturales devenidas, que pueden llegar a destruirlas todas. Esto quiere decir que lo naturalmente creado, que todo lo que nos rodea con su propia idiosincrasia, solo puede suponer un peligro para situaciones artificiales extremas, peligro en tanto que falto de vida natural, lo cual produce las paradoja de doble destrucción.

Y ahora, después de todas estas argumentaciones probadas en experiencia, siendo ello de la más pura ciencia, consideremos la modificación genética generalizada de humanos, indirecta, a través de la artificialización extrema del medio, con agentes artificiales creados que conviven con todos los seres vivos, o a través de la introducción directa, también generalizada, de genética artificial. Esta pescadilla que se muerde la cola, donde se provoca una artificialización de los seres vivos a tal nivel que no los hace naturalmente inmunes, sino artificialmente inmunes, y con ello, absolutamente dependientes, es perfectamente comparable con lo que sucede con las plantas. Mantengamos atención a un solo detalle, que no se nos escape, el aislamiento de plantas, para mantener la homogeneización genética, es la base de toda domesticación, si una planta con modificación leve genética, aún siendo artificial, toma contacto con un medio natural, su genética cambiaría inmediatamente en positivo a la Naturaleza y volvería a tener todo su potencial inmunológico intacto con muy poco esfuerzo, sin embargo, si la modificación es continua, dependiente y grave, es altamente probable que no podría sobrevivir en tales condiciones ambientales, por lo que el aislamiento total de medio, sería la única posible salida, que es lo que está sucediendo actualmente con los cultivos artificialistas, extensivos e intensivos. Observemos bien esta analogía y no perdamos de vista, en ningún momento, que, aunque con características propias, somos biológicamente iguales que las plantas. 

Insistimos en que todo este asunto nos afecta a todos por igual, y debemos hacer una reflexión muy elevada y fomentar el máximo diálogo en torno a ello desde todas las ciencias posibles, para tomar consciencia real de qué clase de ser humano queremos construir. Aún estamos a tiempo de retornar a la naturaleza y de volver a ser quienes somos en verdad dentro de una evolución natural, o bien aceptar dejar de serlo para convertirnos en seres artificiales absolutos, totalmente alejados de la naturaleza original, y con ello, provocar una clara destrucción futura de nosotros mismos pues somos pura naturaleza y sin ella no somos nada. La dirección que tomemos depende exclusivamente de nosotros. Pensemos, sintamos y actuemos con consciencia.

Nota: En la imagen de hoy podemos observar una almáciga con mostaza japonesa. Se puede apreciar agujeritos de animalillos que la han comido. Sería un problema si las mantengo aisladas, sin embargo, no siendo así, ningún problema, pasado unas semanas, cuando las lluvias hagan aparecer las mostazas silvestres y otras, desaparecerán por si solas. Eso es lo que llamamos la fuerza de la inmunidad natural colectiva. 

jueves, 16 de diciembre de 2021

Permitid que nos contagiemos de salud

 

El sistema político y todos los medios de comunicación oficiales, amparados en las sentencias y previsiones de las autoridades sanitarias, nos dicen que las poblaciones de personas -que no necesitan tratamiento alguno por el Covid-19 debido que poseen una buena capacidad natural inmunológica y, por ellos mismos, no corren apenas riesgo alguno con dicha enfermedad-, estas son: niños, adolescentes, la gran parte de los jóvenes y muchos mayores, sanos todos ellos, son un problema a solventar, según palabras del ECDC.

Con estos precedentes, argumentan ­-a un nivel sin precedentes de persecución, denigración y discriminación-, que tales personas sanas deben medicarse, es decir, que, aun contando con una salud impecable y sin peligro natural alguno para ellos, se les considera una amenaza para los que están más débiles, porque, tal como ellos esgrimen: son un “reservorio de virus” peligrosos para las poblaciones débiles.

Agudicemos el sentido común más elemental, ¿es esto cierto de que las “autoridades” sanitarias, nos fuerzan a poner en riesgo peligroso y evidente a esas poblaciones sanas -se conocen sobradamente los potenciales efectos secundarios peligrosos de esta llamada medicina, génica y química, del mismo modo, se conoce que las personas sanas no contagian nada salvo salud-, para, supuestamente, salvar a los más débiles? ¿de verdad que es esto cierto, o es un espantoso sueño?

No sé, pero a mi me parece que esto viola la ética más básica. Yo, hombre “débil” ya mayor, jamás pondré voluntariamente en peligro a un hijo mío para, quizás –, salvar mi propia vida.

Con todo ello, de la parte que me corresponde como ser humano, desde la Agricultura Natural de Vida Natural Consciente, sólo puedo expresar mi negativa y rechazo a supuesta “medicina” química transgénica, aplicada a toda Naturaleza viva sana expresada: aguas, tierras, fuegos y aires, plantas, animales y humanos fuertes. Creo y confío en la vida, creo y confío en la Naturaleza, nadie jamás podrá destruirla mientras haya un solo ser vivo en este mundo que crea y confíe en ella. Los seres de la Naturaleza no somos ordenadores que fallan, no necesitamos crear ningún antivirus químico-génico para que nuestra vida sea saludable.

Permitidme que me contagie de salud, que abrace a mis hijos y mis seres queridos, permitidme sentir el contagio libre del aire sano y de cada uno de los demás elementos -del sol y las aguas puras-, permitidnos que nos contagiemos de la salud de los seres de esta tierra, permitid que nos contagiemos de esa paz implícita de la salud natural, que nos contagiemos de naturaleza viva, que nos contagiemos de fortaleza para nuestros cuerpos, en el trabajo de las tierras, al contacto pleno de nuestros seres queridos. Permitidnos que nuestras sonrisas y felicidades corran por cada poro de nuestro cuerpo y nos contagiemos todos de ello, sin amenazas ni miedos, permitidnos, a mí a mis hijos y a todos los padres e hijos, ser contagiados de libertad, expresarnos tal como queremos vivir, que nadie, con una ética natural consciente, puede hacer un daño esencial a nadie, sino el más profundo bien. Permitidnos a los más débiles, aun con el sufrimiento y la dureza que eso conlleva, que aceptemos la enfermedad y la muerte naturales, como un proceso insoslayable natural de la vida. Salud para todos y todo, es ese nuestro único deseo y motivación.  

lunes, 6 de diciembre de 2021

La inalienable fuerza Natural de la vida

 

Tal como ya fue mostrado en el Tratado de Agricultura Natural, la Agricultura Natural (A.N.) tuvo origen en los mismos inicios de la humanidad; y distinguimos tres clases a lo largo de toda nuestra historia: la A.N. de cultivo, A.N. de precultivo y la A.N. de sola recolección. Aunque nunca estuvieron separadas del todo, con la aparición de la agricultura artificial, las de precultivo y sóla recolección quedaron casi en el olvido. Hoy, la A.N. moderna integra a las tres, intentando rescatar los grandes conocimientos olvidados y adaptándolos a las condiciones actuales.

Allá por el neolítico incipiente, y con los cambios climáticos más favorables, se comenzaron las primeras incursiones de la Agricultura Natural de precultivo. La Naturaleza, con su misteriosa fuerza de vida, empezó a mostrar plantas que daban alimento rico y fácil, como el trigo, la cebada, el garbanzo, entre otras muchas; y aquel acontecimiento fue aprovechado por los humanos, para irlos precultivando con la intención de facilitar su recolección y ganar alimento con la conservación.

De entre aquellos alimentos-frutos, procedentes de árboles, más antiguos consumidos en Oriente medio, fueron las bellotas dulces de los Quercus, así como también lo fueron los pistachos y los almendros. Para nuestra mente de hoy, pensar en precultivos tan arcaicos de estos últimos frutales, nos resulta un poco asombroso, a sabiendas de la dificultad que contienen los necesarios injertos para obtener frutos dulces.

Lo cierto es que, en unos principios, aquellos primeros árboles de frutos dulces, vinieron desde la más absoluta voluntad natural. Gracias a esa fuerza misteriosa devenida, que el humano jamás podrá dominar con sus medios artificiales -por mucho que se empeñe-, la almendra amarga, por ejemplo, se transformó en frutos dulces en algunos pocos ejemplares silvestres. Sin embargo, a pesar de tal bondad, aquellas semillas dulces, al ser plantadas volvían a su amargor original generalizado, con lo que el humano, dado el tesoro que contenían los dulces, decidió poner toda su mente para poder conservarlos sin tener que esforzarse en ir probando los amargos. Y así, con todo el mimo y el conocimiento intuitivo original, fue como nació la domesticación primera y, con ello, el injerto.  

En la imagen que os muestro en esta publicación, podemos apreciar un almendro silvestre dulce nacido de la maravillosa y poderosa genética inalienable de la Naturaleza. La gran causalidad, hizo que una almendra cayera al suelo y, por sí mismo, naciera un arbolito en el borde de un bosquete de cedro y cipreses, entre otros, que sí fue plantado con mis manos.

No dejamos de recordarnos que, aunque no podamos abandonarnos de forma absoluta a la fuerza misteriosa, porque de esta manera, no podríamos sobrevivir como humanos, sí que podemos integrarnos profundamente con ella y comprender el gran misterio que contiene de manera desarrollada, incluyendo nuestros aspectos más propios. Es este el designio de la A.N., pero hemos también de saber que, para que eso ocurra, debemos respetar adecuada y naturalmente, con consciencia sensible-analítica, la voluntad de la fuerza misteriosa sin nuestra impecinada intervención que aspira inútilmente a controlarlo todo. La fuerza natural de la vida, con todas sus incidencias en este mundo, jamás podrá ser controlada, y toda intención osada de querer controlarla con artificialismos devenidos, incluso a la fuerza, en base a un engañoso "beneficio común" de la humanidad, solo traerá destrucción e impulso contrario a la propia vida.  Ella es inalienable e incontrolable, es absolutamente misteriosa y sólo puede ser realizada, aceptando su voluntad, confiando en ella y fomentándola bajo el respeto más profundo de su propio ser.

martes, 7 de septiembre de 2021

De lo inmutable en la Agricultura Natural -la trascendencia de la patata-

 

Hay muchas personas que piensan que la Naturaleza es todo aquello que es salvaje, o silvestre, sin el humano incluido y cuando piensan en agricultura, están imaginando a un humano destrozando – o laboreando a su antojo- esa naturaleza silvestre o salvaje. Con esa bipartición, nos encontramos dos partes bien definidas: lo humano, por un lado -artificial-, y lo natural por otro.

Esta forma de pensar, es lo que nos ha partido en dos y lo que nos está dando numerosos quebraderos de cabeza, puesto que somos tan naturales como cualquier otro ser vivo de la Naturaleza. Como al humano le cuesta concebirse así, debido al libre albedrío que tiene, que le da la capacidad para modificar sustancial y cualitativamente su entorno, y junto a razones históricas ya argüidas, sobre la rivalidad de las personas con su entorno, sigue manteniendo su bipartición a toda costa, dirigiéndose a mantenerse no natural, pro-artificial-, con el consecuente artificialismo.

Con la nueva concepción de Naturaleza, sobrevenida de la misma Agricultura Natural, que contiene humano y contiene naturaleza, dejamos muy claro que no existe tal bipartición de manera esencial, pero sí existe, sin embargo, la posibilidad de que los humanos dejen de ser naturaleza debido al mal uso de su libre albedrío, dando lugar a que el artificialismo se enfrente a su propia cualidad innata de naturaleza y, con ello, se condene a su propia destrucción.

Por todo ello, una vez posicionados en lo natural, que incluye todo lo que está por la naturaleza con humano, la AN, que aspira a tal integración, no puede ser considerada como una simple técnica, así como tampoco puede ser una, ni única, ni abarcar lo absoluto al antojo personal, pues contiene infinitas formas, en función de cada naturaleza, con lo que depende mucho de cada persona y sus experiencias personales.

 

Si agudizamos más, y afianzados en lo pro-natural, podemos darnos cuenta de que lo que llama a muchos en tanto que trascendencia de la AN, como posible reveladora técnica del vacío o de otras aspiraciones espirituales, no es más que una cualidad más, sin ser esta únicamente así. Para empezar, el vacío no es la "nada", pues ésta no existe en el ámbito de la vida; por ello, el vacío, en tanto que existente, también lo contiene todo, y esto le da una cualidad que va más allá de la apariencia relativa y, a su vez, está dentro de esa apariencia relativa. Por otro lado, toda particular aspiración espiritual no es el "todo", porque éste no puede estar contenido en una tendencia, y, mucho menos en una verdad.


En el ámbito puramente mental, el conocimiento es lo que es, y del mismo modo que existe el conocimiento del vacío, también existe el conocimiento del mundo relativo, y ambos son sublimes, si están conectados el uno con el otro. Es, por esta otra sencilla razón, de que la AN, que es mental -inmaterial- y es material, jamás puede llegar a ser únicamente técnica, pues, siendo así, solo sería partícipe del mundo relativo de la más pura materia. La naturaleza se mueve entre esos dos mundos, y nosotros, siendo partícipes directos de lo material y lo inmaterial conjuntamente, no podemos decir que la AN es solo material, ni siquiera un medio material de trascendencia, pues la misma trascendencia, que viene a través de la mente, está contenida en lo material y lo inmaterial. Por estas razones, vistas muy someramente, podemos afirmar que la AN es natural y es consciente, es decir, es trascendente también. Y esto, ni más ni menos, contiene lo espiritual. Decimos que lo espiritual es lo inmaterial, y esto puede estar dirigido al conocimiento y la experiencia del vacío, o puede contener otras formas de trascendencia.

Desde aquí, cada cual elije lo que desea caminar, pero la AN, aunque diversa, es inmutable en sus sentidos profundos, no puede, por condiciones particulares, dejar de contener las dos partes de su condición, esto es: natural y consciente, porque entonces, dejaría de ser natural inmediatamente y sería, sencillamente, agricultura dentro de la bipartición. ¿podemos decir entonces que cultivar de forma natural patatas tiene alguna trascendencia?

 


domingo, 15 de agosto de 2021

El jardín del Edén

 


Andemos un paso adelante y démonos cuenta de que la Agricultura Natural de domesticación, que dio lugar a la civilización humana, en su sentido positivo nació gracias a la cercanía con los grandes ríos. En la cultura de Occidente, el Tigris, el Éufrates y el Nilo, fueron los grandes motores de la abundancia y la pasión por la creación de los jardines ornamentales y alimentarios, que fueron base de la recreación del Edén, del paraíso que nos fue robado.

Desde Mesopotamia y Egipto hasta nuestros días, el ser humano ha aspirado siempre a su propio origen, el bosque donde todo está dado, intentando alcanzar, con sus esfuerzos y a través de su ensoñación, la ilusión de vivir en el paraíso perdido.

La arquitectura y los jardines fueron las articulaciones reales de tales aspiraciones durante milenios, pero hubo un punto de inflexión en el camino que dio lugar a otras aspiraciones inversas. Esto es: la ilusión y el deseo de ser Dios, de creerse “todo poderoso” por encima de su propia Naturaleza misteriosa y otras naturalezas misteriosas, que ya son dadas.  Apenas unos pocos siglos nos separan, dejando de lado todo el recorrido ganado hacia el Edén.

Así decía el escriba Enii, sobre el 1.580 a.C.:

“haz a tu gusto un jardín, rodeado de parterres; además de la tierra de labor, planta en él árboles, que será un abrigo para los alrededores de tu casa; llena tu mirada con todas las flores que tu ojo pueda contemplar, porque no hay que privarse e ninguna de ellas, es motivo de felicidad no dejarlas de lado”.

Los mesopotámicos y los egipcios dejaron ver hermosos jardines para el placer, el rito y la alimentación, y usaron los recursos de su mente, es decir, la técnica -tecnología-, para llevarlo a cabo. Pozos, estanques, canales de distribución del agua, traslado del limo, etc., fueron estimables creaciones de la mente humana para la realización mundana el paraíso en esta tierra. En unos principios, pocas veces se alejaron de los ríos y se adentraron en el desierto con esa pretensión. Y las veces que lo hicieron, el desastre terminó por acabar toda civilización y toda Naturaleza fue destruida; Petra es un ejemplo de ello. Al final, la excesiva explotación sin tener en cuenta a la Naturaleza, dio lugar a la misma suerte, con lo que el artificialismo cobra siempre su moneda de cambio: la autodestrucción.

Toda tecnología, por muy avanzada que esta sea, jamás podrá dominar la misteriosa fuerza de la creación natural. Toda vez que el humano pretenda controlar lo incontrolable con sus artificialismos varios, la Naturaleza irrumpirá sin contemplaciones y destruirá tal intención, incluido todo el tesoro que nos fue dado inicialmente.

Los ríos y bosques que nos han sido dados por su propia naturaleza, aún con el prudente provecho humano, han de ser conservados con toda su pureza, tal cual han sido revelados, y todas las tierras, aires, aguas y bosques modificados y destruidos, han de ser recuperados, para que la Naturaleza pueda, de nuevo, mostrarnos el camino al Edén; de no ser así, Ella nos mostrará el infierno. Es ese el designio de los humanos, por ello, la conservación, la recuperación y la recreación, es el camino de todo ser Natural y Consciente, y la Agricultura Natural pone objetivo primordial en ello, en desarrollo material y espiritual.

En el Tratado de Agricultura Natural quedó revelada la Tierra Filosofal. Aquello que no fue visto aún en los albores de la civilización, por el maestro de maestros, Hermes Trismegisto, con su Tabla Esmeralda, donde reinaba el oro, hoy cobra otra claridad para el devenir humano. Con la Tabla Natural Consciente, lo que reina ahora es el alimento de vida, que es el oro “simbólico” sutil y evolucionado; en contraposición de la transmutación de la piedra en oro -piedra filosofal-, lo que debe ser transmutado es la tierra -que es la piedra más sutil-, en alimento de vida -Tierra Filosofal-.

Averiguad qué significa alimento de vida y habréis encontrado el camino auténtico a la Tierra Filosofal. La sabiduría eclosionará en vuestras mentes, y siendo realizable, material y espiritualmente, por muchos, un nuevo paradigma humano, sin duda alguna, vendrá y nos mostrará el más hermoso de los paraísos en esta misma tierra, tal como fue designado por la providencia.

Que así sea entonces.


viernes, 4 de junio de 2021

Desde adentro hacia afuera

 


Hasta el día de ayer, Jardín Natural Jamchen, que hace unos veinte años era un desierto con algunos almendros, logró abarcar unos 7.000 metros cuadrados de bosque Natural de alimentos (bNa) en estado de climax. Un espacio de naturaleza donde se practica Agricultura natural que, salvo algunas pequeñas zonas aún no acabadas, ofrece una amplia diversidad en todos los estratos posibles, desde el suelo hasta los aires, con más de ciento veinticinco diferentes especies de árboles, silvestres y frutales, y muchísimos más de arbustos pequeños, hortalizas, aromáticas y una vasta gama de leguminosas y otras silvestres de cobertura.

Hasta el día de ayer, Jardín Natural Jamchen, como bNa casi completado, denso y verde que es, daba sobradamente alimento de hortalizas y frutas a una familia, y podía mantener, además, un pequeño suministro a algunos vecinos que podían comprar en un grupo de consumo natural que fue creado desde aquí.  

Pues bien, en el día de hoy, comienza un nuevo reto para este jardín, ya que hemos adquirido una nueva parcela colindante en estado total de abandono. JNJ contendrá ahora una hectárea de terreno, con lo que el nuevo 30 % se integrará al total de nuestra responsabilidad, según lo establecido en el principio de bosque natural de alimentos y los esfuerzos que quedan para lograr de nuevo la completud que perdemos con esta integración, no son pocos.

Con este proyecto, este espacio intentará demostrar que el concepto de bosque Natural de alimentos, según la Agricultura Natural de Vida Natural Consciente, se puede amplificar más allá de nuestras propias fronteras. Esta es la forma que la AN actúa, no crea espacios acotados, aislados y estrechos, de élites o de aparentes desistematizados, sino espacios y lugares de Naturaleza y de práctica de vida rural auténtica, totalmente amplificables y abiertas al mundo. Los bNa, con su fuerza propia, son como centros de vida verde que generan más vida hacia afuera, como corazones que pulsan la sangre, con toda su fuerza de existencia, a todo el cuerpo que representa, hasta la punta de los dedos. Tales cuerpos que se generan, a su vez actúan hacia afuera sin perder, en ningún momento, su identidad, logrando una fuerza poderosa a favor de lo auténticamente natural, que no contempla ningún rasgo de artificialismo y que se encara con dignidad a él.

Si todos los agricultores de este país, y más allá de este país, practicáramos la Agricultura Natural, todo el espacio, desde una punta a la otra, sería un maravilloso vergel de convivencia lleno de pura vida. Algo que nos merecemos y que la Naturaleza fuera de nosotros también merece.  No dejemos nunca de practicar Agricultura Natural, amplifiquémonos en esa fuerza verde. Depende exclusivamente de nosotros agricultores, gentes humildes que vivimos en el campo, para el campo y por el campo.

En la imagen primera que muestro hoy, observamos los altos de la nueva finca que lindan con el bNa, en esta zona cumpliré con un sueño, que será albergar, suficientemente amplia y desde sus más tiernos comienzos, una viña con especies autóctonas, que aspira a estar completamente integrada en el futuro bosque. En la imagen segunda es la parte media, una zona preciosa con ambiente chinescos, donde intentaremos vivificar el aspecto contemplativo, entre arboledas de nogales, avellanos y, seguramente, pinos asiáticos que se alzarán con sus movimientos curvos y sutiles entre las rocas. La tercera imagen, es la parte baja de bancales antiguos, donde, como ya conocemos y es habitual, estarán los frutales más delicados, también integrados con su parte silvestre.  

 


jueves, 20 de mayo de 2021

Confiar en la Naturaleza

 

Masanobu Fukuoka, padre de la Agricultura Natural, habló muchas veces de la “no discriminación” en términos de pensamiento, sin embargo, él uso bastantes recursos de razonamientos, tanto de filosofía como técnico-científicos, para defenderla y promoverla. ¿Qué es lo que quiso el maestro decir con la“no dicriminación” entonces?

Estos temas han sido tratados extensamente en los libros de Vida Natural Consciente, pero conviene repasarlos a menudo, para ir cortando aquellos flecos sueltos que quedan todavía en la mente de algunas personas, sobre todo, en las no afines a la AN.

El ser humano es pensante, no puede jamás dejar de serlo, intentar anular esa parte sería ir en contra de la propia naturaleza humana, lo cuál sería algo innatural. La cuestión entonces es el cómo, el por qué y la cualidad y la cantidad de pensamiento que llevamos en la mochila y que seguimos fabricando. La “no discriminación” fukuokiana no significaba el “no pensamiento”, sino en el pensar correcto, según los términos naturales y conscientes. Este pensar correcto, para Fukuoka, consistía en dejar de lado el análisis científico demoledor, dentro de la acción agricultora, para dar paso a un devenir natural que confiaba en la naturaleza y que permitía su propia expresión. Para las filosofías de VNC, se habla de una templanza de esa parte analítica objetivista de la ciencia, para dar entrada a una analítica sensible, conectada con la Naturaleza y su realización práctica, que compensan la otra parte y que no renuncian del todo a la parte necesaria objetiva; pero, sobre todo, que siguen confiando y respetando también tal devenir natural y su expresión.

El conocimiento humano tiene unos parámetros de lógica para considerar que tales o cuales razonamientos, son válidos o no lo son, y, suelen ser determinantes para designar la realidad que vivimos, pero no son, necesariamente, absolutas. En los casos de algunas disciplinas deterministas extremas, sus cauces son tremendamente alienantes, dentro del ámbito de la ciencia y de sus filosofías, pues tienden a totalizar las determinaciones en forma de ley totalitaria, pretendiendo abarcar términos de veracidad y verdad, dejando el razonamiento lógico correcto y posible, anulado a su propio antojo de ciencia o filosofía, es decir, con un conocimiento absolutista, que no permite lo subjetivo ni lo objetivo flexible, apoyado en lo absolutamente objetivo.  

Lo humanos, tras los excesos totalitarios de la segunda guerra mundial, aprendimos –o debiéramos haber aprendido-, que ningún razonamiento lógico, por muy validos que fuesen, debería considerarse como “verdad”, sino que nos moveríamos en términos de realidad relativa, de razonamientos lógicos correctos flexibles, fuesen estos objetivos o subjetivos, o ninguno o ambos; es decir, que siguen el canon lógico establecido, y que son perfectamente válidos para determinados ámbitos, pero siempre abiertos a ser cambiados, en un devenir natural y evolutivo, teniendo la subjetividad -relatividad- en cuenta, aún con la objetividad necesaria. Esto ha sido defendido, y ampliamente ensayado, desde aquella segunda guerra, por numerosos filósofos estetas, entre los que me encuentro, y lo que se pretende es que ningún razonamiento sea un absoluto que implique términos de verdad, sino que puedan abarcar ámbitos flexibles de comprensión y acción dentro de una continuidad cambiante posible.

Así, por ejemplo, ante una afirmación -determinista y totalitaria- que expresa que “todo lo que existe es Naturaleza”, porque somos naturaleza y por tanto nos incluye con todo el paquete; nosotros, razonamos, en experiencia consciente y de naturaleza, que tal afirmación no es correcta -ni verdad-, en tanto que, siendo así, se justificaría cualquier acción, y sabemos, por comprensión y sentido básico, que no todo vale, que muchas acciones humanas van contra la Naturaleza y la destruyen, por lo que debemos poner límite y templanza a ese aspecto totalitario que piensa que todo lo que existe puede inventarlo el humano y está en la responsabilidad humana, porque sabemos, por experiencia y conocimiento, aparte de los criterios subjetivos comentados, que hay un aspecto de la vida que no depende de nuestra absoluta voluntad. El aspecto misterioso que hace que la vida se produzca por sí misma, sin nuestra obstinada intervención.

En términos de Naturaleza y Consciencia, tales argumentos que se expresan, contienen una única motivación. Que el humano pueda vivir sana y armónicamente, en un ambiente sano y armónico también, respetando los ciclos naturales tanto de una parte como de la otra, intentando siempre meditar cada acción, para que este equilibrio entre naturaleza y humano se produzca y pueda causar una mejora para ambos, aunque a veces pueda implicar cierto detrimento en nuestras comodidades artificiales. El equilibrio llama a la templanza, así que cualquier acción o pensamiento humanos, deben ser de tal cualidad para que pueda cumplirse el esperado equilibrio.

Por todo ello, solo podemos considerarnos válidos y correctos, si aprendemos a confiar en la naturaleza, que somos nosotros también, siempre y cuando respetemos el camino que nos lleva a dejar expresar la naturaleza no humana también, que es el origen de la misma vida. Debemos recordar también, que lo que es tendente a la destrucción de forma absoluta, deja de ser, por lo que no es una cualidad implícita y única en el ser, aunque exista ese rasgo, en condiciones de relatividad, dentro de la naturaleza.

La AN no es una cuestión de fe, es una cuestión de comprensión y confianza en lo que pensamos y realizamos en la practica por nosotros mismos, por eso no tiene nombre, ni pertenece a nadie sino a todos, y está aquí y ahora, con la mirada clara puesta en nuestra propia vida y la vida de nuestro hábitat.