domingo, 21 de junio de 2020

Por la Tierra Filosofal







En innumerables ocasiones, he tenido que dar muchas explicaciones para defenderme ante las convenciones agricultoras de mi zona, que no confiaban demasiado en mi proyecto. Pasaron muchos años, casi veinte, y, por fin, hoy, lo que fue un desierto sin vida, salvo matorral seco con algunos almendros y olivos, es un hermoso bosque fresco lleno de vida vegetal, humana y animal, que contiene más de cien especies de árboles y muchos cientos de especies arbustivas y de coberturas, tanto de alimento como silvestre.

El esfuerzo y el convencimiento de lo que hacía, mereció la pena. Mi finca se encuentra en lo alto del pueblo, como a un par de kilómetros de él, y desde muchas perspectivas, se puede apreciar la masa verde que delimita con el desierto actual que existe a su alrededor.

Los principios actuales de la Agricultura Natural, expresan, explícitamente, las formas de actuar, y no actuar, frente a esa actividad agricultora que aspira a configurar un completo intercambio sostenible para la Naturaleza y para el ser humano. Desde su nacimiento, el padre Fukuoka, albergó las bases con cuatro principios, y dispuso una filosofía clara y convincente sobre estos mecanismos. Con la filosofía de Vida Natural Consciente, hemos dado fuerza a esas primeras intenciones del maestro, amplificándolas y ubicándolas en un entorno humano y natural, acorde a nuestros días, para que conserven la fortaleza necesaria para su practicidad y su habilitamiento mental, que trasciende el simple método agricultor y que le dota de una necesaria universalidad. Algo que se hace vital, ante los acontecimientos actuales con los que nos enfrentamos.

Con la reciente publicación de la TABLA NATURAL CONSCIENTE de la TIERRA FILOSOFAL, que corresponde a un capítulo del próximo TRATADO DE AGRICULTURA NATURAL, y que será publicado en breve, naturaleza mediante, obtenemos la posibilidad de albergar esas aspiraciones.

Mi vergel contiene todo un universo de vida, sin embargo, cuando llegué aquí era una tierra enferma, moribunda, con una terrible falta de vida. La Tierra Filosofal son versos profundos, pero podemos entenderla muy fácilmente, si estamos abiertos a entender qué es lo que revela la alquimia de los agricultores naturales que activan la vida, que transmutan la tierra enferma en tierra saludable. Y esa transmutación, gracias al principio número 7 de VNC, actúa en todo el universo de vida que alberga, que son todos los cuerpos naturales que viven en ella, incluidos nosotros mismos.

Todo cuerpo que muestra enfermedad, muestra una tendencia a la falta de vida, este hecho tan sencillo de comprender, nos eleva la suprema comprensión sobre la necesidad imperiosa de aplicar esa vida que le falta, bajo los fundamentos naturales y conscientes, que son los únicos capacitados para ello, según ha quedado mostrado en la Tabla Natural Consciente.  

En manifestación relativa en este mundo, una tierra es un cuerpo, de la misma manera que un ser humano, es un cuerpo también. Ante cualquier situación que se encuentren los cuerpos, frente agentes externos que amenazan la pérdida de vida, siempre podemos alimentar esa vida. Pero necesitamos también defender el entorno, pues él es influencia vital de la interrelación con el resto del mundo. Si alguien se dispusiera a poner dentro de mi vergel, sin mi permiso, algún químico de fertilización, o de deserbado, o desarbolado, o de fumigación antiplagas, ¿qué se supone que yo debería hacer? Nuestros centros corporales son intocables y debemos actuar para defenderlo.

Por intereses artificilistas, los cuerpos de la naturaleza están enfermos y siguen enfermándolos, es, por esa razón, que los agricultores naturales actuamos como alquimistas naturales conscientes, defendiendo la salud de los cuerpos, intentando curar lo que está enfermo. Y lo hacemos: dando vida, e intentando expandirla, cuando sea posible.

En las fotos que anexo, se pueden apreciar algunas imágenes que muestran la línea que diferencia el DESIERTO SIN VIDA -TIERRA ENFERMA-, y EL BOSQUE NATURAL DE ALIMENTOS LLENO DE VIDA -TIERRA SALUDABLE-.

Reflexionemos sobre todo ello.

Por la Tierra Filosofal de los habitantes naturales del mundo.

miércoles, 10 de junio de 2020

Las plantas son el reflejo de lo que somos


Fukuoka nos dijo, en uno de sus principios, no echéis químicos a vuestros cultivos, ni para fertilizar, ni para sanar vuestras plantas, porque, si lo hacéis, romperéis el ciclo natural de defensa de la Naturaleza y todo acabará por ser destruido. Aquella sentencia ha recorrido el planeta.

Desde entonces, surgieron multitud de modelos para evitar usar esos químicos tóxicos, y todo fue muy bien, pero ¿entendimos entonces, en toda su extensión, el mensaje auténtico de la filosofía de Fukuoka? Desgraciadamente no, además de que había otros principios que no fueron tenidos en cuenta y que dependían también de esa primera sentencia.

La razón por la que me decidí a escribir sobre estos temas, fue porque, a través de mi propia experiencia con el campo y con el ejercicio filosófico y espiritual, me di cuenta que el mensaje del maestro había sido degenerado y malinterpretado, con lo que sentí que debía ser de nuevo promovida. Por entonces, no sabía con lo que me iba a topar. La cuestión es que ahí nació la renovada Agricultura Natural de Vida Natural Consciente. Muchas veces, debemos retocar y sanear los pilares de un valioso edificio antiguo, que fue parcheado y sobrecargado con peso indebido.

Y ahora vamos al tema: El ser humano es parte de la naturaleza y, siendo así, que no creo que haya duda sobre ello, entonces debemos medir bien ese principio de los químicos que introducimos en nuestro cuerpo también, que es tan natural como el de las plantas.

Los agricultores naturales que lo hemos experimentado, sabemos que las plantas responden maravillosamente bien ante las plagas, cuando tienen un ecosistema adecuado. Esto hace que las únicas enfermedades devenidas sean las naturales y tal correspondencia dota de salud general a todo el ecosistema.

Con el cuerpo y la mente humana pasa exactamente igual. Si les dotamos de un ecosistema alrededor adecuado, las únicas enfermedades sobrevenidas son las naturales. Teniendo en cuenta cómo vivimos hoy, debido a las infinitas interferencias tóxicas del artificialismo, no queda más remedio, entonces, que dar un doble tratamiento para hacernos a imagen y semejanza de lo que somos en verdad, pura naturaleza: el primero es, dotar ese ecosistema adecuado, y el segundo, ir desintoxicándonos de los químicos y otros artificialismos, también derivados de la separación, a través de lo que he llamado “Natural artificilidad”, que no es más que un proceso de transición.

Con la tierra filosofal -Tabla natural consciente-, recientemente publicada, estos términos tan sencillos de comprender que aquí expreso ahora, han quedado expuestas de tal manera, que las esencias fundamentales de la A.N. han acogido sentido universal y profundo sobre todas las manifestaciones de la naturaleza. No debemos perder nunca el hecho de que, cuando hablamos de Agricultura Natural, estamos cultivando no sólo las plantas, también estamos cultivando nuestro cuerpo y nuestra mente -espíritu-, como una parte más de la naturaleza.

No nos quepa duda, que las plantas son el puro reflejo de lo que somos también nosotros. Observando cómo son ellas, y cómo las tratamos a ellas, nos estamos observando y tratando también a nosotros mismos.

martes, 9 de junio de 2020

Una llamada a la reflexión


Existen varios temas muy relevantes sobre la mesa de discusión actual de todos nosotros, habitantes con derecho a pensar libremente, mientras los poderes trabajan para encontrar las mejores soluciones para los humanos. Una de estos temas, es sobre si es conveniente o no, en la situación actual, imponer una ley sobre el uso obligatorio de la mascarilla y sobre una vacunación obligatoria. Pienso que debemos reflexionar mucho sobre estos dos temas, que están creando tantas divisiones ideológicas y de convivencia.

Lo primero que debemos atender, lo que ya fue dicho, que es lo que la Constitución y los derechos humanos resguardan en cuanto a la libertad de las personas. Creo que este tema tiene hilos complicados, en tanto que, en situaciones como las dadas hoy, se cuestiona tal libertad, en tanto que se le da la presunción, si no se cumple con lo que se establece y que roba la libertad, de perjudicar a los demás. En una situación de emergencia real, esto podría tener sentido, y yo creo que casi todos los humanos, hemos sido responsables y asumido tal situación de manera eventual. El problema es el medio y largo plazo del asunto, que implica una posible presunción de tal “perjuicio”, que crea, a su vez, un “prejuicio” infundado, basado en supuestos que aún no han sucedido.

Determinar a priori, un condicionante de posibilidad, que atenta la libertad de las personas a medio y largo plazo, es altamente peligroso, y ATENTA DIRECTAMENTE contra el último artículo de la declaración de los derechos humanos. Más aún, si tales determinaciones, sólo están sostenidas por supuestos que no existen en el momento presente.

El mítico y antiguo Nostradamus, fue un visionario y atentó sobre toda ciencia. Se atrevió a determinar un futuro para los humanos, delimitando toda posibilidad de libre albedrío, eliminando, por completo, la capacidad humana para poder cambiar las cosas desde el momento presente, por la creencia totalitarista de un designio superior que estipula el futuro catastrófico, por encima de un humano inferior, sin capacidad alguna para cambiar tales ilusorios designios. Ante tal amenaza, solo cabe esperar el desastre, y con ello, los humanos vivimos tal desastre, sencillamente, porque lo hacemos realidad creyéndonoslo y actuando en consecuencia.

La ciencia médica de hoy, en muchas de sus vertientes, que son, presumiblemente, las que gobiernan a los gobiernos, están ya vaticinando nuevas catástrofes irremediables. Y ante tal amenaza, intentan proponer medidas que atentan, en un medio y largo plazo, a las libertades básicas previstas en las Constituciones de los países y en la Declaración Universal de Derechos Humanos ¿Qué hacemos? ¿Nos las creemos, o mejor reflexionamos un poco para salvar nuestras libertades? YO PROPONGO REFLEXIONAR, QUE ES LO MÁS SENSATO, ANTES DE CONFIGURAR UN MUNDO MEDIAVALISTA, BASADO EN “MITOLOGÍAS CIENTÍFICAS” QUE VATICINAN LA CATÁSTROFE.

Hagamos un ejercicio simple de reflexión y propongamos una manera inversa de pensar “a priori”: Supongamos que, en un ambiente naturalizado y consciente, el ser humano tiene la capacidad natural de pensar en positivo y puede dejar de creer, si quiere, en catástrofes futuras naturales, sobrevenidas de enfermedades infecciosas muy graves, capaces de destruir una gran parte de la humanidad. Supongamos, también, que el ser humano tiene la capacidad natural corporal de defenderse ante toda adversidad, si cuenta con las condiciones naturales y conscientes, sin tener que depender de la elaboración de preparados químicos, altamente contaminantes, para todos los cuerpos de la naturaleza.

Bien, tan posible es esta forma positiva de pensar “a priori”, como la primera opción negativa, que es justamente la contraria. Si las dos son posibles, ¿quién puede determinar la obligación a pensar una u otra? Sólo mentes totalitaristas, que no creen en la libertad de la naturaleza ni en la consciencia, o que persiguen un fin determinado, aún a sabiendas de estas creencias, pueden obligar a pensar en una de las opciones.

Si el futuro no puede predecirse, salvo que nosotros lo hagamos real con nuestras acciones, tampoco podemos dar como válido una “determinación” impuesta a priori, sea la que sea, si hay presunción de inocencia en las acciones previas. Lo que significa esto, es que tenemos el derecho inalienable y pleno de pensar, proyectar y enfocar nuestro futuro, tal como queramos, relativo a estos términos de pensamientos y acciones que afectan directamente a nuestra integridad y libertad personal, sin estar obligados ni condenados a pensar, que estamos afectando a nadie, pues tal afectación no es previsible, salvo por “mitología científica”.

Yo, personalmente, decido y abogo, por pensar, proyectar y enfocar nuestro futuro de forma positiva, con la confianza implícita en la capacidad positiva humana de crear su propio destino futuro. Con ello, pienso mi “a priori” de la siguiente manera: Si no hay pandemia ahora, no necesito proyectarla, ni en el presente ni en el futuro, por ello, apoyo la no obligación de usar la mascarilla de forma tan generalizada y pública, así como la de no lavarme las manos en lugares públicos con desinfectante químico, así como la de no prever una distancia supuesta de seguridad, salvo naturales evidencias, pues yo creo en la seguridad del contacto humano, así como la no obligatoriedad del uso de una vacuna u otra medicación química, como panacea de salvación ante una supuesta pandemia posible que no existe hoy, pues es mi integridad física y a nadie le corresponde, bajo ninguna circunstancia, a decidir sobre lo que introduzco en mi cuerpo. Aún menos, a juzgar a mi persona por ejercer tal manera de pensar.

NO CREO QUE NINGÚN SER HUMANO SALUDABLE, POR SU CONDICIÓN NATURAL, SEA RESPONSABLE DE LA ENFERMEDAD DE OTROS; sí creo, sin embargo, en la responsabilidad sobre el daño en la salud general, que están produciendo las substancias químicas artificiales en todos los cuerpos de la naturaleza.

Para los que elijan la opción contraria, yo les pregunto: si tanta fe, tienen ustedes por los químicos salvadores, protéjanse ustedes, introduzcan en su cuerpo toda clase de substancias contaminantes, es su derecho libre, pónganse una mascarilla de protección doble, que las hay, respiren su propio Co2 y vivan sin oxígeno, si ustedes lo quieren; de esta manera, estarán ustedes altamente protegidos, según sus designios, pero dejen respirar y vivir en paz a las personas saludables que no quieran hacerlo. SI TAN ALTA ES SU CREENCIA EN ESTAS PROTECCIONES, ENTONCES, NO TENDRÁN NADA QUE TEMER SI LAS USAN. SI TEMEN, ENTONCES SUS PROTECCIONES TAMPOCO SON SEGURAS, Y SI NO SON SEGURAS, ¿POR QUÉ QUIEREN QUE LOS DEMÁS PENSEMOS QUE LO SON? Discúlpenme, pero es absolutamente contradictorio.

Ante una contradicción así, de tan alta evidencia analítica y sensible, y ante todos los hechos de pensamiento mostrados, las opciones de todo habitante del mundo, que elija pensar en los términos positivos expuestos, son fomentar la reflexión y el diálogo pacífico entre las personas y ante las autoridades pertinentes y, en caso de dificultades, acogerse al derecho de rebelión, recogido en el último artículo la Declaración Universal de derechos humanos, que salvaguarda y defiende todas las libertades individuales y colectivas allí prescritas.     

jueves, 28 de mayo de 2020

El futuro en la Agricultura Natural


La tierra que nos fue dada por naturaleza, era fértil, pero el humano, en su insistente resistencia, fue explotando, exponencialmente, aquellos recursos. La forma de explotación, a nivel agricultural, fue el aislamiento, la base de toda domesticación.
El aislamiento excesivo de nuestras plantas de alimento, para conseguir producciones, más allá de lo que la naturaleza podía y puede dar, ha terminado provocando una destrucción masiva de nuestras tierras. Y este modelo ha sobrepasado todas las líneas de nuestra convivencia también.
La Agricultura Natural, con su filosofía de Vida Natural Consciente, plantea una alternativa que puede realizar una convivencia realmente evolutiva, así como también puede reparar lo que fue estropeado, tal como la medicina hace con los cuerpos enfermos. Sin embargo, esta posibilidad, ya abierta y en práctica, toca los pilares de la misma humanidad, una especie viva pensante, que no siempre está dispuesta a reconocer. Esta falta de reconocimento, es el resultado de la ignorancia, del miedo a desprenderse de aquello que cree que es.
En una tierra evolutiva, donde viven habitantes naturales y conscientes, no existe el aislamiento total, aunque sí un control y una intervención, implicando una apuesta directa al abandono de la domesticación brutal y todo lo que conlleva en la agricultura y en todos los niveles de vida también. Lo que en su momento llamé artificialismo, está basado en esa "domesticación absoluta", es algo que, si no nos ponemos en marcha para frenarlo, acabará con la posibilidad de que la humanidad pueda seguir subsistiendo.
Es muy sencillo, si creemos en la humanidad, y debemos hacerlo, creemos en su evolución en Naturaleza y Consciencia, que son sus dos naturales condiciones, como una especie más de este planeta, entonces podemos poner los medios sin dilación, y comenzar a cambiarlo desde su centro más poderoso, que somos nosotros mismos, aquí y ahora.
La ciencia objetiva actual, aún se está preguntando qué es consciencia; dice que no sabe qué es, porque no puede medirla con sus aparatos artificiales. Yo le digo a esa clase de ciencia involucionada y obtusa, que se ilustre un poco más y que aparte, mida el mundo que ha construido y que luego vaya a visitar los campos de los agricultores naturales, o mi mismo humilde espacio, donde antaño fue un desierto y hoy conviven más de 100 especies diferentes de árboles y mucho más del doble en especies arbustivas y plantas de coberturas, silvestres y de alimento. Un espacio donde cohabitan multitud de pájaros, donde pasean los zorros, los ratones, las culebras, los sapos, donde vuelan las abejas, donde existen toda clase de fauna diversa, junto a nosotros humanos. Un espacio donde todo está en perfecto y permanente equilibrio de vida, aun con sus avatares propios.
En nuestras manos está elegir si queremos seguir viviendo en el artificialismo atroz, con todo lo que conlleva, o poner la esperanza en un futuro feliz, integrador, múltiple y pacífico para la humanidad y la Naturaleza, que es lo que la Agricultura Natural incorpora en sus propuestas. Millones de personas en este mundo están esperando el milagro, pero el milagro está en ellos, solo necesitan ver que ese mundo en el que sueñan es perfectamente posible.
Un gran abrazo. Por una humanidad natural y consciente

jueves, 21 de mayo de 2020

El gran secreto de la consciencia y la naturaleza


En la naturaleza, muchas veces, por instinto de supervivencia, algunas plantas se imponen e impiden el crecimiento de otras de manera dramática. Y estas segundas mueren por esa causa. Esta es la visión estrecha. La visión amplia es que, el resultado final, con sus vidas y sus muertes naturales, es un estado equilibrado y armónico de vida general donde cada planta cogió su lugar y aquellas muertes individuales, no significaron otra cosa que una transmutación que permitió la continuidad de toda la generalidad. La vida general, entonces, sucede en un devenir continuado que no distingue la particularidad de vida, sino la totalidad y completud de ella. La hermandad natural colabora siempre en la vida de todos y no en las necesidades particulares de unos pocos.

En un estado de climax natural, sea cual sea esta, la visión amplia es fácil de percibir, hasta tal punto, que se manifiesta clara la completud. En ese estado sublime alcanzado, que no sucede tan evidente en los estados intermedios, la tendencia es siempre a la conservación y la amplificación del tiempo y la cualidad de vida particular.

La HERMANDAD HUMANA, SIENDO PURAMENTE NATURAL, actuaría de la misma manera dramática, y algunos individuos se impondrían sobre otros, por su propio instinto de supervivencia, y esto provocaría muertes por esa causa. Si permitiésemos actuar al humano de este modo, desde el instinto básico, como sucedió a lo largo de los millones de años, aseguraríamos la supervivencia general, pero, desde hoy, sería demasiado dramático, crearía mucho sufrimiento innecesario y no tendría correspondencia alguna con la razón, que es la otra parte que nos completa en consciencia.

Por este motivo, el Ser humano determina sus leyes, y así pone límites a la imposición. Y así nace la justicia humana. Aparentemente, esto nos aleja de lo natural y el ansiado climax, sin embargo, nada más lejos de la realidad. La consciencia, que es natural en nosotros tenerla, es, precisamente, la que nos permite ser naturales también. Pero hay trabas para ello, y están reveladas por un exceso de ley que, tratando de imponer límites a la imposición, se impone ella, acercándose a la amenaza dramática, aún peor que la propia muerte natural.

-1 En su rechazo a la naturaleza, si la ley actúa impositiva y fija, no permite la natural correspondencia, pero entonces se revela contraria a la naturaleza y se aleja del estado de climax. El artificialismo es su extremo y da un uso de analítica excesiva sin apenas correspondencia sensible, por ello tampoco natural, que termina siendo autodestructiva.

-2 Si la ley actúa flexible y abierta, permite la natural correspondencia, su autocrítica desde lo subjetivo que crea otras objetividades conyunturales, entonces esa ley es coyuntural también y se revela a favor de la naturaleza. Y este hecho, es lo que permite la justicia y la tendencia al estado de climax que configura la HERMANDAD CONSCIENTE HUMANA. Mas, sólo puede ser concebida, si es articulada desde los estadios de consciencia. Estos estadios de consciencia, tal como fue probado en la teoría estética de la indeterminabilidad y en los tratados de Vida Natural Consciente consecuentes, solo puede suceder en la templanza entre la sensibilidad y la razón humanas, es decir, entre las templanzas de lo puramente natural y lo puramente analítico -artificial-. Las templanzas se ponderan creando el balance de consciencia unificado al devenir externo de la naturaleza, que crece desde su propia base, dando consecuencia a un estado evolutivo real -perfectamente realizable-, de consciencia y naturaleza.

El resultado final de esta tendencia del balance, que está en permanente movimiento, es un estado de pura consciencia -climax consciente-, que tiene la visión amplia de la naturaleza también. Y como se dijo del climax natural, “es fácil de percibir, hasta tal punto, que se manifiesta clara la completud. En ese estado sublime alcanzado, que no sucede tan evidente en los estados intermedios, la tendencia es siempre a la conservación y la amplificación del tiempo y la cualidad de vida particular”.  

He aquí, expresado brevemente, sobre el gran secreto de la consciencia y la naturaleza.

viernes, 15 de mayo de 2020

El gran peligro de los transgénicos –vida artificial-




Según las grandes líneas científicas imperantes, saltarse la selección natural al intercambiar genes entre especies, e incluso reinos, que, de forma natural, son imposibles de mezclar, como son virus, bacterias, genes animales o humanos, etc., lo que conseguimos es controlar la producción de alimentos, primero para lograr ganancias y productos mayores, o incluso “mejores”, según sus visiones, y segundo, para controlar los daños producidos por otros factores no naturales. Nos encontramos ante la lucha por mantener la vida artificial. Una lucha que sólo puede llegar a un sitio, la destrucción total de la vida natural, y aquí está incluida la destrucción del humano.

Es un lugar muy peligroso, porque cada día se hace más difícil disponer de semillas no modificadas genéticamente. Hasta tal punto que, hoy día, casi todas las compañías que controlan la distribución de las plantas para la agricultura, tienen el mercado copado con plantas modificadas que están preparadas para hacernos dependientes. De tal modo que, o bien no producen ya semillas fértiles, o, las que producen nuevas plantas, están carente de frutos, es decir, sirven para una sola generación, o de dos, como mucho. En ambos casos, se intenta evitar cualquier caso de hibridación, con la intención de no perder la especie principal, por un lado -que sí están preparadas para resistir condiciones artificiales con los usos de químicos-, y, por otro lado, poder controlar los mercados, para ser ellos mismos los proveedores de las plantas. El humano se queda entonces en una posición de dependencia total de los agentes multinacionales, sin existir posibilidad alguna de libertad, ni de naturalidad. 

Para el segundo de los casos, donde usan la genética artificialmente para controlar los daños producidos por otros factores no naturales, justifican esta manipulación artificial diciendo que: Debido a que los químicos usados para la agricultura han provocado que las silvestres capturen esas contaminaciones, y, para evitar que las plantas de alimento se hibriden con esas silvestres, han modificado el gen para que sean infértiles y carentes de fruto futuro. De esta manera, no pueden “contaminarse”, y se pueden salvar las plantas de alimento.

Con toda claridad, podemos observar como la biotecnología genética, evitando toda hibridación, va absolutamente en contra de la propia domesticación, puesto que está matando toda posibilidad de que la Naturaleza pueda intervenir. Los humanos artificialistas piensan que pueden controlarlo todo. Es un peligro inminente este pensamiento ya que, si el humano se aísla de la Naturaleza, sencillamente, Ella muere; y si esto sucede, morimos nosotros también.

Los genetistas dicen que, ese carácter de pérdida de homogeneidad, es lógico, argumentando que, al cruzar dos especies de tan diferente carácter, es imposible mantener la homogeneidad de manera natural, por lo que se hace estrictamente necesario seguir manteniendo los cruces genéticos y las plantas madres artificiales. Es el miedo ancestral, la pescadilla que se muerde la cola.

No hay otra salida que volver a la verdadera domesticación. Y ella sólo es posible con lo silvestre incluido, por eso, la tendencia evolutiva para la humanidad, debe ser inversa a como se entiende; esto es: el abandono de la tecnología genética que impide la participación de lo silvestre y crea especies infértiles y naturalmente discapacitadas. Este abandono puede significar también un cierto grado de domesticación artificial aún, por los condicionantes que tenemos hoy día, pero ya con un camino claro trazado. Desde ahí, se abre la posibilidad de practicar libremente la domesticación natural, que debería ser objetivo de la agricultura general, y que sí que es nuestro objetivo directo dentro de la Agricultura Natural, y dentro de este tratado.


Anexo libro de Agricultura Natural de próxima publicación.

lunes, 11 de mayo de 2020

La libertad ganada



La esclavitud y la servidumbre ha perseguido a los humanos desde tiempos inmemoriales; con la declaración de derechos de 1789, por primera vez, se proclamaba, universalmente, el recurso supremo de las personas de la rebelión contra la tiranía y la opresión.  Pero, no sería hasta el año 1948 que la ONU acordara, por fin, la declaración universal de los derechos humanos, que determinaba para todos, la dignidad y el valor de la persona, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, basándose en la responsabilidad de comportarnos fraternalmente los unos con los otros, por estar dotados de razón y conciencia, tal como se resalta el artículo 1 de dicha declaración.

En los albores del siglo XXI, se han desatado sucesos mundiales que nos han hecho replantearnos muchas cosas, incluso hasta la libertad, donde, hasta ahora, no había duda alguna. Ciertamente, todo está en continuo movimiento, y esto provoca, insoslayablemente, la necesidad de nuevas maneras de pensar con sus nuevos paradigmas. Nuevos retos, nuevas soluciones.

Ante la difícil situación actual, hace unas semanas, la Agricultura Natural (AN) de Vida Natural Consciente (VNC), en su derecho colectivo de libertad de expresión y basándose en la filosofía expresa de VNC, declaraba públicamente la necesidad humana de implantar un nuevo derecho, por la salud natural, esto es: disfrutar de un aire, una tierra, un agua y un calor puros, tal como nos fue dado por natural nacimiento, con todo lo que ello implica. Del mismo modo, recordó el derecho natural de movimiento, según se desprende del artículo 13 de la Declaración Universal.

En un estado de alarma y de excepción, la libertad puede ser “supuestamente” limitada y siempre coyunturalmente, para salvaguardar la seguridad de todos, y “con el único fin de asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás”, o por motivos de salvaguarda del derecho a la salud, en este caso, pública. Nos encontramos ante un hilo de difícil medida, pero, aun en esta situación y expresada la colaboración de todos, nuestros derechos siguen vigentes, y debemos expresarnos libremente para poder ubicar los cambios que se pudiesen avecinar sin que corran riesgo estos derechos inalienables. En el artículo 30 de la Declaración Universal, se expresa que “no podrá interpretarse los derechos, para emprender o desarrollar actividades tendentes a la supresión de cualquiera de los derechos” de tal declaración. Esto nos protege y nos da competencia a las personas para reclamar que, ningún tipo de ley, sea científica o política, o de cualquier otra forma, puede ir contraria, de manera continuada, o tendente a ser más permanente, a los derechos que tenemos todos lo humanos; y mucho menos, puede la ley, basada en alguna clase de ciencia, etc., obligar o alentar, servidumbre o algún tipo de diferencia entre las personas, sean como sean, o tengan la condición que tengan.

Puesto que la ley, ni las autoridades competentes, tienen autoridad para clasificar a las personas por ninguna clase de rango, tengan la condición que tengan, un virus o lo que sea, toda persona es libre de relacionarse con su condición natural, si lo desea, y nunca puede suponer una amenaza social por su natural condición, tal como se desprende en el artículo 2 de la Declaración Universal: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamadas en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.  

Las personas llamadas, equivocadamente, vulnerables, adorarían vivir una vida con los suyos, y ellas tienen la libertad total de protegerse o encerrarse, si es su deseo, sin embargo, las personas sanas, con o sin virus, tengan la condición que tengan, tienen el derecho de seguir viviendo, nuestros hijos deben enamorarse, besar, abrazar, contactar libremente con sus semejantes, no se les puede robar ese derecho, debemos abrirnos a la vida, crear vida, no se puede vivir con miedo a morir o enfermar, y mucho menos que suponga una amenaza impuesta bajo el resguardo de la ley, esa enseñanza a nuestros hijos es de total irresponsabilidad e ignorancia y falta a nuestros derechos fundamentales.

El pensamiento y la realización material de VNC, están basadados en la templanza expresada según los términos de la teoría filosófica de la indeterminabilidad. Esta manera de pensar, sentir y materializarse en este mundo, defiende unos términos de respeto y confianza en la humanidad y al entorno de dicha humanidad, que es la Naturaleza. Estas posturas defienden la necesidad de naturalización humana y de evolución de la consciencia, albergando los espacios intermedios de “natural artificialidad” con la esperanza de que las dos tendencias, aparentemente opuestas (artificial- natural), puedan articularse en un libre intercambio que no extreme ninguna de las propensiones. De esta forma, rechaza cualquier clase de totalitarismo, tanto desde el conocimiento científico, o tecnológico, como de otros conocimientos, y sin excusa alguna para que estos extremos puedan imponerse totalitariamente, o suponer una amenaza, a nuestros derechos universales de libertad.

Los humanos nos hemos ganado el derecho a opinar libremente, continuemos haciéndolo, pero recordemos que sólo opiniones respetuosas y dignas, que no alienten la violencia, la intolerancia, la mal-intención o la mal-interpretación, etc, es lo único que puede asegurarnos ese derecho a la libertad de expresión, con toda la diversidad de opiniones incluidas. Aun siendo estas no coincidentes, conforman el maravilloso mundo universal del respeto y la convivencia armónica, rasgo evolutivo humano que, en razón y consciencia, es máxima de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Debemos expresar la necesidad de alzar nuestros derechos, con la defensa también explícita del medio ambiente, debemos fomentar el diálogo sensato, así como buscar el término medio que no esté abocado a la imposición o el totalitarismo del conocimiento, sea esta la científica objetivista, la tecnológica, o de cualquier índole. Para ello, se hace urgente habilitar las transiciones necesarias entre las tendencias, con la intención de que todas las personas puedan conservar y ejercer el derecho que tenemos ganado y que nos sacó de la esclavitud.

Por una vida más Natural y Consiente.     


miércoles, 22 de abril de 2020

El aire puro es un derecho inalienable y la responsabilidad de todos


https://agriculturanatural.net/?p=3762

La autosuficiencia relativa o colectiva


En los tiempos que corren, muchos de nosotros estamos poniendo una mirada en la autosuficiencia, como si el mundo fuera a dejar de apoyarnos. Como si nos fuésemos a quedar completamente solos. Nada más lejos de la realidad. Sin embargo, no por ello, deja de ser importante la autosuficiencia, de hecho, de alguna manera, es una parte del camino que nos va a tocar vivir. Este proceso, que nos conecta directamente con la naturaleza, nos conecta también con otras personas que se suman.

En el concepto avanzado, hablamos, o/y hablaremos, de una autosuficiencia relativa o colectiva; a sabiendas de que, cuando ella fue realizada, las cosas cambiaron también. Así fue dicho:

(...) Como hemos visto, la Autosuficiencia absoluta no existe porque, hagamos lo que hagamos, siempre vamos a depender del exterior, por mucha introspección que hagamos y aunque creamos valernos por nosotros mismos. Cuando nos damos cuenta de esto, es cuando el viaje interior real y expansivo comienza. Es necesario este tiempo Natural de Consciencia introspectiva; el silencio y la Naturaleza saber informar bien; entonces, un día comprendemos que allá en el interior no hay nada que ver, que está vacío de contenido. Curiosamente, en este momento, cuando hemos descubierto que podríamos ser capaces de valernos por nosotros mismos, sin apenas contacto con el exterior, es cuando nos damos cuenta de la necesidad de lo externo. Es entonces también, cuando comenzamos el viaje realizado hacia la Autosuficiencia relativa o colectiva. (...) Ref. pag.273 Vida Natural Consciente. Parte 2.

Desde aquí, este viaje se transforma, por sí mismo, en lo que llamamos Polisuficiencia autosuficiente. No perdemos de vista, a pesar de esta linealidad del planteamiento expresado, que también se conforman expresiones intermedias de transiciones diversas y de acciones colectivas desde el principio del proceso natural y consciente.

Por un mundo que se siente y se piensa en la colectividad directa y realizada.

lunes, 13 de abril de 2020

El comienzo de la vida y un pequeño castaño

Mientras aquí estamos concentrados en este retiro, en mitad de esta crisis mundial, enfrentándonos -en unidad- a nuestros interiores, entrando en nuestro presente más difícil, al que hemos vuelto la espalda, tantas y tantas veces, e intentando vencer todos los miedos a los que estamos expuestos, sigue lloviendo.
La Naturaleza no para de contarnos muchas cosas, sigue adelante mostrándonos su infinita sabiduría llena de vida. Muchos de nosotros no podemos verlo, ni siquiera sabemos que existe algo así, y eso es un inconveniente muy grande; sin embargo, todo esto que está sucediendo ahora, a pesar de lo difícil que es, también supone una oportunidad enorme para reflexionar y sentir lo que realmente es importante para nosotros mismos y, sobre todo, desde ese “desde adentro hacia afuera”, del que tanto hablamos en Vida Natural Consciente, de cómo influye, de manera global y unitaria, este nosotros mismos.
En numerosas ocasiones, he hablado de la trascendencia que tiene acercarse a lo más pequeño, simple y diminuto acontecimiento en la naturaleza, como la más magnánima muestra de toda la grandeza del universo. Y es que allí, en ese espacio tan reducido, es donde se produce todo; y, tal comprensión simple, nos ofrece la sabiduría necesaria para completarnos en todos los acontecimientos posibles e ilimitados.  
En mis tierras hay un castaño autóctono, pero se está perdiendo, hasta tal punto, que quedan muy pocos ejemplares. Justamente, como hace unos quince años, planté uno; sus frutos hoy día, son dulces y exquisitos, de una calidad incomparable con los de otras clases. Este año sembré algunas semillas con la intención de poder repartir los arbolillos entre los paisanos, intentando que esta especie originaria no se pierda. Ya brotaron algunos y he regalado un ejemplar. Espero que pronto pueda entregar los demás.
El comienzo de la vida, comienza con una semilla. Muchas veces no germina, otras veces sí, pero el esfuerzo que hacemos por mantener la vida, en su potencial más germinal, es lo que nos asegura el crecimiento natural consciente humano y la supervivencia y la continuidad en esta tierra, de todo aquello que es manifiesto para nosotros ahora. Aprendamos de un simple y pequeño castaño, para darnos la fuerza para seguir plantando esas semillas, dentro de nosotros, y hacia afuera de nosotros también.
Intentemos que sea el retiro más feliz posible, lleno de esperanza, amor y compasión.

martes, 31 de marzo de 2020

La domesticación natural


Os presento a mi gato "Karma". En estado silvestre, los gatos pasan mucho tiempo subidos a los árboles, desde allí pueden ver a sus presas, fortalecen sus uñas y sus músculos y avivan sus sentidos adaptados al medio. Este hermoso ejemplar, de pelo largo y suave de color canela, se presentó a la puerta de nuestra casa, junto a su hermano, teniendo ellos apenas una o dos semanas de vida. Los adoptamos un tiempo, pero a su hermano le buscamos un nuevo hogar de una familia amiga. Karma fue siempre un ser excepcionalmente sensible, no era tan buen cazador, como su hermano. Aún le cuesta defenderse frente a los machos vecinos que vienen a visitarnos a menudo, pero, cada vez sabe apañárselas mejor, y también gracias a su hermana adoptiva "Atenea", que ella sí que es una guerrera nata.

Nuestros gatos viven fuera de casa, jamás entran dentro. Les damos un poco de comida cada día, y en eso se encuentra parte de su domesticación, pero viven libres en nuestro bosque Natural de alimentos, donde, gracias a la diversidad inmensa de vida, pueden encontrar el resto del alimento que necesitan.

La medida entre lo silvestre y lo domesticado, dentro de un rango Natural y Consciente, se encuentra en una convivencia equilibrada que respeta la libertad de la naturaleza y que interviene lo justo para hacerse un hueco. La naturaleza es salvaje si se la deja sola a su libre albedrío, pero si el humano opta por dominarlo todo, es igual de salvaje, y se torna al otro extremo. Por ello, el intercambio equilibrado se encuentra en la templanza de esos extremos.

Los animales, las plantas y los humanos, somos seres vivos, que siempre tendemos, por propio impulso de supervivencia, a intentar dominar nuestro espacio de acción, es por ello, que debemos pacificar y templar toda tendencia posible. Es esta la actitud indeterminable de todo habitante natural del mundo, sea de la especie que sea, sea la actividad que sea. Tomemos nota de ello, más allá de la propia A.N.

En la foto podemos observar la convivencia de diferentes especies arbóreas. El gato está subido en un almendro y le acompañan verdes arbustadas de Pittosporum o azahar de China, pinos piñoneros, un pimentero falso, un cornejo a sus pies junto a masa hermosas de romeros, etc... Casi que no podríamos decir que es un almendro, por las características salvajes que expresa, pero es que los árboles frutales, cuando se disponen a sobrevivir en un entorno compartido, y lo dejamos estar, su comportamiento es mucho más hermoso y expresivo, no deja de dar su fruto, pero es feliz, no vive apesumbrado de soledad, "sobredomesticado" y "esclavizado" para cargar kilos y kilos de fruto.

La domesticación natural, alberga ese espacio templado donde ofrece el aislamiento justo, el reparto justo, el alimento justo también. Encontrar esa medida amable, no invasiva, es uno de los grandes retos de la Agricultura Natural; y, no sólo es posible, sino que es una de las más magnánimas expresiones reales y realizables que existen en esta naturaleza de humanos evolucionados.

jueves, 24 de octubre de 2019

La agricultura Natural y sus propósitos de economía


Este almendro otoñal que vemos en la foto, es un árbol frutal maduro que produce, cada año, medio quintal de almendras, es decir, unos 23 kg. Es ésta, una cantidad muy “productiva” -en términos económicos "convencionales" de lo que se espera de un almendro-.

El frutal, que, desde hace 20 años no se ha podado, salvo las ramas muertas y las del pie, se encuentra embutido en un bosque Natural de alimentos (bNa), donde existen hermanadas -en sus raíces y sus aires-, diferentes especies de árboles silvestres y otros árboles frutales. Estas plantas le influyen directamente, y mejoran y mantienen, tanto el ecosistema como su propia producción, y son: un liquidámbar, un pino limonero, un aligustre de China, un ciprés común, un laurel, una buena masa de bambúes, un azufaifo y otros almendros. A sus pies, en las coberturas, hay una arbustada de marrubios, alcachofas y rosales. Y, a su alrededor, damas de noche, lavandas y numerosas especies silvestres variadas.

Una familia entera de tres miembros, puede alimentarse un año entero de almendras con, aproximadamente, un quintal y medio de almendras sin pelar -como unos 70 kg/año-. Esta cantidad supone unas cinco almendras por día y persona, lo que equivale, más o menos, a la mitad de las necesidades diarias de proteínas. Aparte de la gran cantidad de nutrientes de calidad, entre los que se encuentra el calcio, las proteínas que contienen las almendras son completas. Además de todo ello, la almendra es uno de los alimentos más alcalinizantes que existen, lo cuál es una enorme ventaja sobre los problemas de acidificación actuales del cuerpo humano, y el consumo extremo de carne.

Necesitaríamos unos tres árboles con esa producción, para alimentarnos de proteínas y otros nutrientes esenciales, durante medio año. Conviene siempre tener uno o dos árboles más, para generar cierto excedente, para intercambio u otras cuestiones.  Esto quiere decir que, con cinco almendros en nuestro bNa, ya tenemos más que suficiente para la autosubsistencia.

En el año 1975, un quintal de almendras, en el mercadeo convencional, según me ha contado un agricultor antiguo de la zona, costaba unas 12.000 ptas., es decir, unos 72 euros. Hoy, en los albores del 2020, se paga unos 90 euros, si hay suerte. Después de 40 años, si damos como válido tal precio, que no he podido cotejar debido a la falta de información, el precio de la almendra sólo ha subido 12 euros. Teniendo en cuenta la inflación general de los últimos 45 años, que, posiblemente, haya duplicado o triplicado, o más, el precio de todos los productos y consumos, la subida de la almendra es absolutamente inapreciable.

Si nos vamos al año 1975, con lo que solían costar las cosas de entonces, un quintal de almendras daba para mucho, con lo que el agricultor pequeño y mediano, de mercadeos locales e, incluso, convencionales, podía, perfectamente, no sólo alimentarse, sino además podía obtener excedentes para pagar otras muchas cosas. Pensemos que en 1975[1], el salario mínimo interprofesional, debía rondar sobre las 46.000 ptas./mes. Con ello, sólo con 4 quintales -es decir, 8 árboles-, una familia entera, alcanzaba, en bruto y por mes, el salario mínimo interprofesional. Ocho almendros, en un bosque Natural de alimentos equilibrado, de ocupación silvestre al 50%, no ocupa más de 100 metros cuadrados. Sobre la producción anual, estamos hablando que, para cubrir el valor anual, necesitaría esa misma familia 96 almendros (8 árboles x 12 meses). Una ocupación en metros que supondría unos 1.200 metros cuadrados en Agricultura Natural con bNa., que contiene el 50 % de silvestres y otros frutales también.
 
Haciendo una especulación de lo que debería valer un quintal de almendras, si hubiese subido al mismo nivel que la vida en general, y en función del salario mínimo interprofesional, sacaremos la siguiente conclusión:

Un quintal de almendras en el año 1975, según el precio supuesto de 12.000 pesetas el quintal, suponía un valor del 26 % del salario mínimo interprofesional. El 26% del salario mínimo profesional en el año 2019 es de 234 euros/quintal. Ahora cuesta unos 90 euros, con lo que, casi que debería estar triplicado el valor.

Podemos hacer este mismo estudio sobre lo que cuesta hoy la carne respecto al año 1975. Es bastante probable que nos sorprendamos de los resultados. Ciertamente, la agricultura, que es la que precisamente nos da la auténtica comida, no es rentable, porque el sistema de capitales, con sus intereses en las grandes producciones, ha querido que no lo sea.

Por todo ello, desde el ámbito de la Agricultura Natural, que sí quiere crear vida en la Naturaleza y no estipularse completamente según los cánones urbanos, no se puede concebir un mercadeo de sus productos desde los precios dados por el sistema de capitales, puesto que, un agricultor natural, aparte del compromiso que tiene de recuperación de los ecosistemas y de un cultivo respetuoso en su más alto nivel, aspira también a vivir de su trabajo y su tierra. Las únicas opciones que existen, para poder llevar a cabo este reto, son dos:

1.- La rama de actuaciones del lado político y del sistema de capitales. Que el mercado de capitales y los gobiernos incidan en los precios y permitan que los pequeños agricultores puedan acceder al sistema. Para ello, no existe más remedio que aplicar algunas condiciones de bNa, basadas en que el sistema de explotación industrial del campo limite su producción, evitando la agricultura extensiva masiva de las grandes compañías que machacan el precio general y destruyen los ecosistemas. Para una restauración de la Naturaleza compatible con la sostenibilidad natural humana, sería necesario y primordial incorporar, en un 50% en todas las explotaciones extensivas y convencionales, la plantación de arboleda silvestre. La producción se disminuiría al 50%, pero el precio, debido a su menor oferta -o por la incorporación de medidas políticas-, por sí mismo, casi se triplicaría, según hemos argüido antes. El nuevo acoplamiento no sería inmediato, y necesitaría de muchos ajustes, pero sería una dirección marcada, al igual que se debería hacer en cuanto a la aplicación de los químicos en la agricultura y otras cuestiones.   

2.- La segunda opción es la rama alternativa, e implica que, desde la Agricultura Natural, se vayan articulando mercadeos locales de precios justos, según la filosofía de Vida Natural Consciente. Esta filosofía marca un pensamiento de menor consumo. Para poder hacer efectivo este menor consumo, se requiere que, todos los agricultores naturales lo disminuyan en, al menos, un 60% de la media del sistema de capitales. Con esta disminución, el agricultor natural puede marcar un precio más justo, a nivel local, adecuado a su sistema de vida. Si un agricultor natural puede subsistir con el 60% del salario mínimo interprofesional, es decir, unos 540 euros por mes, debe configurarse en función de tal salario, y buscar las alternativas de consumo -en energía y otras necesidades primarias-, para poder subsistir dignamente. Si consigue tal reto, para nada inalcanzable, según mi experiencia y convencimiento, el precio justo de sus almendras sería del 26% de su salario, esto es: 140 euros (26% de 540 euros) /quintal. Y esto, permitiría a una familia vivir de su trabajo practicando Agricultura Natural con árboles de almendra, con solo, unos 1.500 metros cuadrados.   

Ninguna de las dos opciones expuestas es totalitaria. La Agricultura Natural tiene un octavo principio que son las transiciones, y este principio, permite términos medios entre unas y otras opciones. De hecho, es lo ideal unificar los esfuerzos, tanto desde la alternativa, como desde el sistema imperante. En cualquier caso, prima la buena motivación, con lo que esas tolerancias, deben evitar justificar abusos, ni nublar el objetivo marcado.

El presente estudio económico, está realizado enfocado a una economía familiar basada en el cultivo natural de almendras. Existe fundamento sobrado técnico, para que pueda ser de aplicación a otros alimentos básicos provenientes de la agricultura Natural.

Juan Benítez Jamchen, 24/10/2019

miércoles, 2 de octubre de 2019

A la luz del crisantemo



Hace como unos diecisiete años, abandoné la ciudad para siempre y me deshice de la tele. Por entonces, no tenía internet y mi móvil solo servía como teléfono, la comunicación virtual no existía  salvo mi correo electrónico, que visitaba una vez cada dos semanas. Prácticamente, mi única comunicación con el mundo eran un par de visitas al mes, algunas conversaciones en el bar del pueblo cercano y con los cabreros que pasaban por la linde de mi finca. Por aquellos tiempos, los anacoretas no teníamos apenas contactos sociales, de hecho, buscábamos eso precisamente, el encuentro espiritual interior y el contacto sensible directo con la naturaleza.
Recuerdo muy bien la opinión generalizada de la gente de afuera. Ellos me decían e insistían que era importante y una responsabilidad mantenerse informado de lo que pasaba en el mundo.  Yo, sin embargo, rechazaba  por completo cualquier tipo de información, lo consideraba como una contaminación a mi libertad de pensamiento. Durante mis años más ermitaños,  tomé consciencia de algo fascinante: Todos los acontecimientos importantes que sucedían en el mundo, siempre me venían ya procesados por los pensamientos subjetivos de las gentes, con lo que resultaba que la verdad objetiva resultaba evidente. Y no sólo eso, me ahorraba el proceso de discusión y todo el malestar que eso provocaba. Al final, podía tener mi propia opinión libre de interferencia, clara y contundente. Rara vez coincidían con las de los demás, pues ellos, que leían el periódico y veían las noticias en la radio y la tele, vivían los pensamientos subyugados por las linealidades de la información dada.
Es fácil, cuando vives fuera de las redes de la información, darse cuenta de que la mayoría de las personas piensan todas igual, en una u otra dirección, eso no importa, lo que importa es que siempre son repetidas. Esto crea un convencimiento; y la defensa del convencimiento, consecuencia de la realización personal ante la discusión, termina siendo una cuestión vital de auto-reconocimiento. Este hecho crea una manifestación a imagen y semejanza de ese origen ya subordinado al conflicto.
En mi bosque Natural de alimentos (bNa) trabajaba, y sigo trabajando, en la parte sensitiva y pensante de los pequeños detalles que se enfrentan, aquellos se suceden sin ninguna aspiración de control, sino como respuesta a la manifestación dada por la naturaleza. Es este un estado auténticamente original, no generado desde la repetición controlada o la incursión en el conflicto.
Entonces, desinformado, aunque atento, se podía mantener después una opinión no subordinada sobre lo observado, ya  que, originariamente, no estaba contaminada ni por la discusión, ni por el proceso de lucha que la misma naturaleza contiene. Esto significó el “desde adentro hacia afuera” de la realización de un bNa, sexto principio de la Agricultura Natural.
A pesar de que en el cielo surcaban las líneas de los aviones, a pesar de que no llovía lo que debiera, y a pesar de que podía sentir los males de allá afuera, mis plantas eran todo para mi, las cuidaba como si fuera yo mismo, aunque tuviese que acarrear el agua en cubos para regar. El vergel se construyó solo, pero con mi ayuda supe, desde muy pronto, que aquella manifestación era, ni más ni menos, que la fuerza expansiva de mi propia realización personal no subyugada al conflicto. Hoy, mi pequeña finca, que no llega a una hectárea,  genera esa fuerza desde adentro hacia afuera, impulsa cambios profundos desde esta fortaleza de pureza y biodiversidad, donde hace años que viven toda clase de insectos y animales que mantienen la vida en perfecta comunión, con el conflicto implícito natural, más allá del desierto, sin apenas vida, que nos separa.
A manos de la Agricultura Natural, en este mundo de locura virtual, donde la información está en un punto grave de conflicto, corren tiempos donde empujamos para salir de la vorágine. Los anacoretas salimos de nuestras cuevas, participamos en la discusión repetida, aún a sabiendas de su inutilidad. Lo hacemos conscientemente para entregar al mundo nuestro más preciado legado íntimo, que ya no concede celos, ni intenciones, pues está compuesta de la fuerza indestructible de la misma creación.
La luz de los crisantemos, en cada otoño, me reclaman el derecho que todo ser  humano debería tener, y es mantener la libertad de poder admirar y contemplar el detalle más pequeño que abarca toda la inmensidad del universo, y que está fuera de toda manipulación. Es la libertad auténtica y transformadora.